9 de agosto 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Llegó la fuerte dosis correctiva en la pasada semana, tras ello se conoció que una de las «calificadoras» rebajaba el nivel a los bonos de deuda de Estados Unidos. Con lo cual, todos se aprestaban a ocupar sus lugares en la trinchera de los negocios con activos de riesgo: con la esperanza de que el corto rebotar del viernes en el Dow, no haya sido el del «gato muerto». Que bien poseía toda la apariencia, porque: ¿en virtud de qué novedad de fondo se había dado el repunte del viernes en Wall Street? Decir que porque los pedidos de «desempleo» hayan variado en unos pocos miles -sobre suposiciones previas- no resultaba, ni de lejos, una causa para que la tónica de las acciones dejara de depreciarse.

Lo único conocido, en estos días de semejante humillación para el siempre soberbio primer país del mundo, fue la aparición de un Ben Bernanke que se permite trazar paralelos con los sucesos de la actual crisis: en relación con la de... ¡1930! Caradurismo puro, cuando hace más de 80 años se carecía del poder tecnológico actual, la posibilidad de actuar en «tiempo real» y de forma mancomunada. Y sin que existieran organismos de apoyatura permanente como ahora (el concepto y espíritu de la SEC -Comisión de Valores- fue justamente un derivado de aquella crisis histórica, donde surgieron controles y «regulación» de mercados, como antes no habían existido de un modo orgánico. Una comparación carente de toda validez: porque la distancia que separa ambos hechos trágicos en la historia de los mercados, no resultan «conmensurables». Mucha más culpa les cabe hoy en día, a los que pudiendo actuar preventivamente para evitar semejantes descalabros bancarios -por poseer todos los datos a mano- se les fue de largo todo un sistema, basado en negocios irreales y en el sólo hacer «dinero sobre dinero», sin el menor escrúpulo. También derivado de la «Gran Crisis» de los años 30, fue el crear legislación para separar la banca tradicional, de la banca de inversión de riesgo. Que, con el paso de las décadas, se fue ablandando, hasta que todo volvió a formar parte del mismo «paquete» (en tal caso, un verdadero paquete tóxico).

Aquellos de 80 años antes sufrieron, y mucho, pero habían legado un nuevo marco y generado diversos anticuerpos para evitar tanto desvío. Los que ahora manejan todo, permitieron que los «virus» volvieran potenciados. Y encima: se ponderan a sí mismos.

Un mundo vergonzoso, con mediocridad por doquier.

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