Como todo en estos momentos ocupa el centro del escenario, bajo los focos de las primeras planas de todo el mundo, referido a la ensalada de alzas, bajas, pérdidas que se dan como reales (pero, que son virtuales, salvo para los que vendieron), nosotros nos colocamos detrás del escenario. Que lo que había que decir sobre el andar de los mercados, lo dijimos bastante antes de que se produjera esta erupción. Primero, nos quedamos con ciertos dichos de Alan Greenspan y que fueron nada más que para los recuadros (porque el «viejo zorro», ya no posee los «fierros» de la Fed). Hábil para cambiar las cargas de las pruebas, comenzó por afirmar que: «Una nueva recesión depende de Europa, no de Estados Unidos». Diciendo, además, que su país: «Lo estaba haciendo relativamente bien...», (imagen que no puede avalarse, con lo que un desesperado Bernanke dice en cada aparición). Pero, lo más atractivo de sus dichos pasó por una referencia a la baja de «calificación». Y muy suelto de cuerpo y alma, el veterano funcionario afirmó que: «Estados Unidos puede pagar cualquier deuda, porque siempre podrá imprimir dinero para hacerlo». Notable la argumentación que dio -a menos que sea irónica- el decirle al mundo que imprimirán la cantidad de dólares que precisen, haciendo gala de que son los dueños de «la maquinita». Y demostrando lo que todos saben, aunque poco se comente: que hoy por hoy, el dólar es un papel pintado de verde. Y pueden seguir pintando cuanto quieran, mientras el mundo no sabe cómo hacer para dejar de utilizarlo como moneda de reservas. Y esto, ahora, lo queremos enhebrar con aquellos dichos de nuestra Presidente -en la Bolsa- sugiriendo «no compren dólares, compren acciones...». Tomado luego por quienes aprovecharon la caída de las Bolsas, para efectuar comentarios críticos, desde la esencia simple de lo sugerido: la mandataria estaba en lo correcto. Más allá de que en nuestro medio dólar y acciones no sólo son «parientes», por una cuestión de cultura y costumbres financieras, creemos que un título de empresa privada ofrece un respaldo tangible, activos en marcha, mucha más que un «papel pintado». Y mucho más ante las expresiones de Greenspan que da como solución, fórmula de Estados Unidos: el imprimir billetes por ser los propietarios de la máquina impresora. Si esto hubiera estado en boca de Bernanke, terrible polémica se hubiera armado. (No lo dice, pero seguramente que toca la misma cuerda que Greenspan). Lamentable.
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