Siempre creímos (quizás estamos equivocados) que aquellos que tienen la tarea de comunicar noticias o dar opiniones sobre ellas deben ser muy cuidadosos con el «picante». Como los buenos cocineros, saber que el uso dosificado, apropiado, sirve de realce a una comida. El abuso la puede arruinar completamente. Si hablamos de quienes profesionalmente están ligados a personas que tienen intereses en juego -en los mercados-, la prudencia en tal sentido debe extremarse. Y lo que se está viendo, a lo largo de un ejercicio tan ajetreado, es que se acude con demasiada liviandad a la «bolsa de los calificativos» extremos. Desde el periodismo, también desde los reportes de analistas, inclusive desde quienes ostentan cargos de alto nivel en las naciones y los organismos, que no parecen medir el calibre de lo que emiten. Al contrario, se buscan nuevos proyectiles; algunos quieren ser más originales, más ingeniosos que los demás. Y es así que se denomina «euforia en los mercados» a cualquier rueda con alzas de cierto realce. Como a los pocos días se coloca «el pánico» como calificación a una secuencia mala. Siendo que tal graduación es la más alta en la escala de gravedad de una tendencia. Utilizable sólo de tanto, en el largo de la historia. Así como cuando se configura la imagen del «crac» y que posee escasos ejemplos en el historial extendido.
Todos estos términos han aparecido y recrudecido al entrar en agosto, pero no condicen con la simple realidad de los saldos acumulados que llevan los índices en todo 2011. En especial, el caso del Dow Jones y que después de soportar todos los dislates del interior de su política y economía nacional solamente acusaba, hasta la rueda del martes, una baja en el año que no pasa del 1,5%. Estando la de agosto en torno de un 6%. Si se aparta al Bovespa, el más sufrido y con un 22% en el correr de los meses, en las demás Bolsas -incluidas las europeas que están trabajando en un clima candente- el porcentual promedio va de un 12% a un 14% de rebaja acumulada. Son números que habilitan a mencionar un sesgo a la baja, notorio, que forma la silueta de una «corrección» sostenida.
Por momentos sacudida por ciertas «corridas», pero que todavía -por fortuna- no cruzó
el umbral de la morada del: «pánico». Un repunte no es euforia. Un derrape no es depresión. Una baja continuada no es «pánico». Debemos administrar mejor la bolsa de los términos y adjetivos. O fabricamos «locura».
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