8 de septiembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Si continuamos tratando de develar el porqué de una tendencia en empresas cotizantes a dispersar fuertes dividendos en efectivo cuando lo muy hostil de la época que vive el mundo impone una estrategia mucho más «convservadora», las hipótesis pueden diversificarse, acaso cada una pueda poseer validez y según el tipo de directorio de que se trate. Una más, ya inserta en lo que podría llamarse estrategia «preventiva» -del «grupo de control»- puede tener que ver con las aspiraciones, ya varias veces puesta en su sacrificio por cúpula de la «CGT», y en dirección a que exista una participación en las utilidades de las compañías, para los asalariados. Luz roja que se enciende y se apaga, por el momento, pero que una vez puede ser puesta en práctica. Y, en consecuencia, con los ejemplos ya vistos recientemente, poseer las arcas demasiado rebosantes resultaría todo un acoso serio a cierto plazo. Antes de que esto puede ocurrir, bien pueden los que poseen la mayoría en el capital cobrarse esos dividendos ahora y darles un destino inmediato -que puede, o no, ser para reinvertir en la empresa- saliendo de los reflectores.

En un medio como el nuestro, es difícil creer en políticas espontáneas tan generosas como para premiar a las minorías con suculentos repartos. Ni siquiera en zonas de bonanza de los ciclos, por los menos de normalidad, las compañías se han desprendido alegremente de sus beneficios acumulados, o sus reservas. Para que esto se esté percibiendo de manera tan frecuente, y en condiciones de escenario sumamente complicados, indescifrable en cuanto a saber qué espera al mundo económico, otras razones deben estar primando. Y si algunas lo han hecho bajo presiones evidentes -donde participa el porcentaje de ANSES- en las otras, no surge el motivo para implementar políticas de repartos tan agresivas, en efectivo.

Insistimos en la aprecia-ción de que aquello que puede resultar un «dulce» para el inversor común, si el panorama se complica más, puede resultar un tránsito por sociedades que vuelvan a recurrir al endeudamiento, ante la necesidad de fondos.

La no coincidencia entre el tiempo borrascoso que se vive, y se avecina, con el tipo de política de dispersar lo ahorrado, es lo que promueve que nos sintamos curiosos, sobre el particular. (En época donde es poco lo que se entiende).

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