Mientras la neblina en el «viejo mundo» no cede y casi está descontado que Grecia, acuerdo o no acuerdo, firme o no firme, está en un embrollo que no tiene salida, también en el ambiente local hay cuestiones que hacen más denso el aire que se respira en lo bursátil. Medidas que se han ido haciendo más apretadas sobre el sistema operativo, en el trato de inversores y agentes de Bolsa, comenzando por aquello de un «deber de informar» para operaciones superiores a los $ 40.000 -menos de 10.000 dólares- y que en recientes días recibió otra vuelta de tuerca, con normas que obligan a «bancarizar» el ingreso y egreso de dinero, desde sumas mínimas. Lo más probable es que se estrangule la presencia de cierto capital foráneo -que no es mucho, es cierto-, pero seguramente no resultará tampoco obligación que estimule el acercamiento de monedas nativas. Menos ahora, cuando la tendencia se muestra sumamente inestable en el mundo y aquí se despliega un febrero donde volvieron los bajos montos transados y la inestabilidad de precios. (Cabe preguntarse si aquellos fastuosos negocios que duraron sólo una semana, a inicios de enero, no estaban promovidos por ciertas «confidencias» que alertaron sobre el próximo cepo a colocarse.)
No se detiene en esto el aire denso que se respira.
Porque hubo varias ruedas donde los papeles del sector «bancos» -que venían siendo columnas del Merval en enero- cambiaron su fisonomía y se volvieron las tres en el indicador ponderado. Relacionado esto con normas aplicadas a tal sector, en virtud de la prohibición de repatriar dividendos que se otorguen. Y seguidamente surgió la avanzada focalizada a empresa petrolera y toda una serie de considerandos que se promovieron, en torno -inclusive- a procurar una «renacionalización». Hecho que puede ser aislado, pero -seguramente- empresas de «energía» y hasta de «servicios» estarán poniendo las barbas en remojo.
La serie de cambios mencionados aquí en trazo grueso, que tocan de lleno lo bursátil, hace que los trimestrales y sus resultados -llegando en estos días- posean una carga extra, en contra, en virtud del contexto en que se tienen que desenvolver las acciones. No es que todo lo negativo llega del exterior (aunque muchos deseen creer en ello y disimular los contratiempos que existen, de estricto orden doméstico). Si están bien, o no, implementados es para polemizarlo: lo único que no puede desconocerse es que no son atractivos.
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