5 de junio 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Con el cepo, las restricciones, o como se quiera titular a las variantes de escenario, ya se están realizando consultas (a los llamados «especialistas») para ver cuál sería la canasta de alternativas disponibles. Y casi en ninguna de ellas aparecen las acciones cotizantes. Se mencionan, inclusive, posibilidades que resultan de lo más exóticas para el común de las personas... pero las acciones no figuran. Es lamentable que en una zona donde los competidores tradicionales no parecen poseer tentación, junto al bloqueo sobre el dólar, los títulos accionarios no posean casi chance, para que un buen cúmulo de potenciales inversores los vean como aptos para seleccionar cierta cartera bien elegida y -simplemente- dedicarse a esperar: con la paciencia necesaria. En todo caso, la misma que se dispone para atesorar dólares y aguardar cierta diferencia.

Cierto es que acumular tal moneda no posee el riesgo de que su cotización vaya en reversa, pero también es muy cierto que en un lapso razonable de mercado normal, las acciones acumulan diferencias como ningún otro activo disponible. Y éstos son los momentos en los que ir armando tal cartera, con un mercado que viene golpeado desde hace tiempo y que en la virtual «mesa de saldos y retazos» (en la «liquidación otoño-invierno») aparecen piezas capaces de generar utilidades de buen calibre. Esto, dejando de lado los extraños y nada predecibles trayectos, que surgen y desaparecen como de la nada. También dejando de lado el conocido y gastado apelativo de «barato», que con total facilidad se adjunta a todas las especies por igual, o a la Bolsa en general.

Así como se pueden hallar esas piezas interesantes, envolviendo bien la mesa y dedicando algo de tiempo para un análisis de presente y proyección, conviven acciones de muy precaria condición (y de porvenir sumamente complicado). O bien por rubro, más la sanidad de la estructura básica, el escudo protector que puedan tener con sumas en «reserva». Junto con ello, su precio de mercado, en cotejo con otras de similares características. Encontrar «pichinchas» y guardarlas ha sido -muchas veces- la llave para multiplicar lo invertido. Y, además, la virtud de liquidez inmediata, que otras colocaciones sofisticadas no brindan. Al menos, merece ser sondeado como alternativa. (Porque hay otras recomendaciones que, francamente...).

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