25 de junio 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Los datos de la economía local se van pareciendo cada vez más a los de países que arrastran cargas desde hace tiempo. Por ahora, a pesar de habernos enterado de estar el sector bajo la mira de «calificadoras» que pueden bajar notas, la diferencia se mantiene en que no existen dramáticos escenarios en cuanto a las entidades bancarias, o financieras. Pero, surgieron nuevas mediciones respecto de rubros básicos para nuestro tipo de esquema económico. Y a la rebaja de producción en siderurgia, se le agregó la brusca baja en industria automotriz, más el estado de declinación de lo inmobiliario (que deriva en la construcción de viviendas nuevas). Quienes resultan proveedores de tales sectores, con varios representantes en los papeles bursátiles, sentirán gradualmente los efectos. Y esto no augura para los balances que culminan en junio, generales para unas, trimestrales para otras, cifras que sean nutritivas en la formación de precios accionarios. Dicho esto desde el punto de vista de lo ortodoxo, clásico, racional, más allá de ciertas demostraciones «lujosas» que periódicamente engañan las cotizaciones y el volumen que surgen y se evaporan simplemente jugando a la Bolsa, como si se tratara de un entretenimiento al que hay que cultivar, con la promesa de un «premio» para el que pueda dar en el blanco. En tal figura, seguramente que no interesan para nada datos de las empresas, situaciones de mejor o peor sanidad de estructuras. Todos estos comentarios van dirigidos a que ya no nos podemos sorprender de aquello negativo que proviene del exterior: sino que hemos comenzado a «producir» nuestros propios -y regios- desplazamientos preocupantes. Preferimos un mercado que cumpla con su misión de reflejar preocupaciones y zonas inapropiadas del contexto, antes que vivir del artificio (que son capaces de crear algunas carteras poderosas).

Porque también es preferible arribar a una decantación natural, a cierto terreno donde pueda pisarse con alguna firmeza y que sobrevenga la zona de «acumulación» de posiciones. Un paso que no debe saltearse al imaginar ciclo que cambie de dirección.

El inversor no solamente tiene el derecho sino la obligación de «especular» (aunque en el Gobierno posean la visión distorsionada, mala, de lo que ello significa). Y si ahora hay que «especular», sobre situación venidera: el resultado podrá no gustar, pero ayudará a no cometer errores.