20 de julio 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Esto ha sido así, y lo seguirá siendo por siempre, que a movimientos del mercado -que excedan lo rutinario- se le tenga que adjudicar un «por qué». Hoy día, con tanto cruce y parvas de informaciones que rellenan las pantallas y los escritorios, es casi imposible que no surjan elementos de donde poder justificar tales movimientos. Inclusive, siempre está a la mano del «tallador» de análisis y comentarios extraer la carta «comodín» y que se denomina volatilidad. En realidad se la utiliza muy poco, porque antes que eso se eligen temas, o ratios, de aquella pila informativa y que -además- se prestan para que se acentúe los que más va en interés de la dirección deseada. Y donde suele saltar a la vista el modo en que se tejen motivaciones -con epicentro en los habilidosos de Wall Street- salteando lo principal y trabajando sobre lo accesorio. Cualquier lector que recorrió páginas de los medios el miércoles a la mañana se encontró con sucesión de noticias y declaraciones francamente desalentadoras acerca de la economía global. Más precisamente en la de Estados Unidos -desde la Fed-, o sobre Europa (desde el FMI).

Sin embargo, la rueda bursátil lució radiante y el soporte que se le proporcionó pasó por referencias a un par de balances individuales (donde estaba el de los delincuentes de Goldman Sachs), para alentar al «trencito de la felicidad» en todas partes. Pero Buenos Aires y su Merval fue más que todos ellos hasta rozar un notable casi 4% en el índice mayor, con volumen de porte respetable. Haciendo a un lado lo que llegaba del exterior, procuramos establecer algún motivo propio que le diera vuelo a nuestro recinto. Y tras darlo como posible en la fecha anterior, debimos afirmarnos en el tema más descollante de la economía doméstica: la trepada descomunal del «otro» dólar, por fuera del oficial, recordando efectos que ello posee sobre activos accionarios. En tal caso, compitiendo al billete como «reserva de valor», más que como activo de plena liquidez y situación bursátil del presente. Puede ser, no lo olvidamos, que se trate del resurgir de los que arman las semanas «fantásticas» -sin motivos- de simple y puro juego corto.

Pero, de no ser por ello, la referencia del «dólar-Bolsa» posee asideros -y pruebas del pasado- para respaldar tal tipo de movimiento. Precios y costo de «paquetes» -en pesos, divididos por casi siete- es para actuar de llamador. (Habrá que seguirlo.)

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