26 de julio 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Los mercados continúan aguantando, como pueden, pero las novedades que les llegan se amontonan cada vez más sobre uno solo de los platillos. Mantener el equilibrio ante semejante desproporción, entre lo alentador y lo deprimente, reviste el carácter de «hazaña». Demasiada exigencia para índices que vienen resistiendo desde 2007 y que ya realizaron otras «hazañas»: saliendo de aquellos mínimos y llegando a reconquistar terrenos que parecían imposibles. Baste mirar nuestro Merval, que en su peor momento se derrumbó verticalmente hasta no más de 900 puntos y después de tanto trajinar en cortes y quebradas, ilusiones rotas y tendencia que nunca cambió en su fondo (aunque lo haga en superficie) se lo tiene luchando en los 2.300 puntos.

Y nosotros estamos lejos del epicentro de los problemas; por caso suena hasta increíble que la Bolsa de Atenas abra sus puertas todos los días, porfíe continuar con su mandato de «hacer mercado», aunque tenga un círculo de fuego en su derredor. Prueba de que el material de que está forjado el sistema bursátil, desde lejanos siglos de Amsterdam, posee la dualidad de la máxima elasticidad: junto con la inquebrantable solidez, para seguir operando y a la espera de que las inclemencias amainen. Sin requerir escudos prestados, ni salvatajes oficiales, soportando todo y con el juego de sus únicas cuatro cartas: «comprar», «vender», «no comprar», «no vender», alimentada por la raza de los que actúan en el riesgo puro, bajo cualquier condición y metralla.

Estos años, cierto, han resultado una permanente sangría en todo el sistema bursátil global, deserciones en masa por obligaciones, o por voluntad, adelgazamiento de las distintas capas de actores bursátiles. Y con la más sufrida en lo que hace a los componentes de la «inversión». Un precio que paga por mantener viva la llama, a sabiendas de que regenerar epidermis y recobrar músculos le llevará también un largo tiempo, pero los que se van también -a la larga- vuelven y saben que en el ciclo bueno nada se iguala a un mercado bursátil con las alas desplegadas. A pesar de que en el día por día, bajas y más bajas, quejarse de la Bolsa tiene sus motivos, dando una mirada al contexto en que tiene que moverse: la queja hasta puede volverse elogio, por venir resistiendo mucho más de aquello que las condiciones le aconsejan. A punto de festejar el 158º Aniversario, brindemos por la Bolsa.

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