16 de agosto 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Entre lunes y martes hubo un soplo de frescura en medio de tantas resultantes que no consiguen cerrar por ningún lado, en pase de una rueda a la otra: que todavía dos más dos pueden dar cuatro. Aunque también existen los que apoyan la teoría acerca de que en la Bolsa dos más dos dan cinco (como hecho natural); el límite para ello son ciertas reglas básicas, simples, de oro, que no han podido ser vulneradas. Como que con precios en suba, volumen en baja, el movimiento es poco confiable. Y esto sucedió durante el lunes, cuando el Merval se procuró una mejora del 0,8% en sus 12 principales. Mientras los negocios caían a la mitad del viernes, con apenas $ 17 millones de efectivo. Y así, cuando se trató de un martes en el que europeos y el Dow estuvieron ligeramente entonados, el mercado local debió asumir un recorte del 0,4%, en la plantilla mayor. En este caso, subiendo el volumen a los $ 29 millones, lo que dejó salir presión vendedora contenida en la fecha anterior mediante el recurso de restar liquidez a un mínimo, trabar la fluidez de las plazas para organizar ese aumento artificial. El segundo día, con precios bajando, los negocios subieron: esto resultó señal de otro desajuste de variables, porque ambos indicadores deben ir en la misma dirección. Precios suben, el volumen se expande. Cotizaciones bajan, los negocios se contraen, ida y vuelta deseable cuando un movimiento de repunte posee condiciones lógicas y, mejor aún, confiables.

Mientras esto ocurría adentro... los de afuera siguieron con su «sainete» bursátil. Borrando a los japoneses de las pantallas, supuesto «causal» de baja del lunes. Y dejando paso a un par de estímulos, de lo más creativos, como decir que había cierto entusiasmo europeo en función de que Alemania y Francia habían mostrado algo bueno, lo cual era un crecer de escala «0» (pero, mejor que lo esperado). Ya las tonterías para sostener el «juego de la Bolsa» parecen una historia interminable y donde se apela a los recursos dialécticos más insospechados; en tanto, la base de negocios de todos se continúa comprimiendo. Y, a juzgar por los mensajes que llegan, a nadie le importa nada -en Wall Street- ver a su mercado líder perdiendo viento de modo continuado.

Deberían estar mucho más preocupados que nosotros, porque -en verdad- nuestra Bolsa viene de una larga decadencia y somos un «puntito» dentro de la estadística. Pero ellos, líderes del mundo, están jugando en medio de las ruinas del NYSE.