21 de agosto 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Muy bien... ¿qué tenemos en nuestro desierto privado?, un índice de líderes que lucha día tras día por sacar la cabeza del agua, junto con más disposiciones que involucran la casi extinguida inversión en acciones.

¿Qué nos exporta el viejo mundo de las Bolsas líderes y el nuevo mundo de las asiáticas?, pues, componentes de una crisis que sigue lo más rozagante, que tratan de ser maquillados por la ardua tarea de los que toman cualquier elemento, en sus escritorios, para difundir señales de «optimismo». Cuando decimos de un Merval queriendo respirar en superficie, después de casi ocho meses de trayecto, está claro que la referencia es en términos «nominales». Comparando la cifra del índice actual, con la que dejó a finales de 2011. En verdad, para realmente poder decir que navega en superficie hay que medir respecto de la renta que se han perdido las carteras en otros activos. Inclusive los más modestos, como pueden ser los «plazos fijos» de los bancos (y los intereses que no cubren la comezón inflacionaria). Si lo medimos contra ello, respecto del movimiento inflacionario, se sabe que la tarea de intentar alcanzarlo suena a imposible.

Pero, «imposible» es palabra que no figura en ningún diccionario bursátil -es cierto- acaso esté la posibilidad que la Fed -ayudando a un Obama en problemas- en adelante una tercera ronda de tragos gratis (pagan ellos) para que los operadores se acerquen a la «barra» a servirse de la ayuda. O que en Europa surjan ciertas medidas concretas, a sabiendas de que los problemas se expanden y que el peligro se acrecienta.

Por lo demás, esperar de nuestro mercado interno alguna respuesta, que sea valiosa para traducir en aumentos de Bolsa: es más fácil ver que los chanchos vuelen... En especial, porque estamos seguros que no existe un funcionario que intuya -al menos- que un mercado accionario de oferta pública fortalecido, le brinda al país un buen servicio. Imaginemos, nada más, que frente a la avanzada sobre el dólar se le hubiera opuesto una Bolsa con buena variedad de atractivos, en medio de volúmenes de negocios en expansión, demostrando a mucha gente que el atesorar pesos en dólares es una mala elección, frente a una apropiada selección accionaria. El porvenir inmediato luce al revés, con emigración de pesos a dólares: saliendo de una fuente idónea para inversores y empresas, a una estéril caja de seguridad.