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Cupones bursátiles
Fernando del Corro fue el autor de la nota, un docente de la Universidad de Buenos Aires, y estuvo bien reflotarlo para que todos recuerden a este «diablo» de las finanzas que ahora quiere presentarse como un defensor de la estabilidad europea. Nada se puede decir de su posición original; si un depredador se muestra abiertamente y lo hace dentro de los marcos legales, será solamente evaluado al hacer un balance de su vida. Lo irritante es lo otro, cuando personajes que han sido parte activa de los desvíos y los problemas que hoy mismo se siguen sufriendo quieren presentarse bajo una careta, como el lobo que se coloca la piel de oveja. ¿A quién pueden aconsejar, o como en el caso de ahora directamente agredir a la posición tomada por un país, semejantes tiburones?
Es casi seguro que Soros -como los del Grupo de los 30- ha estado festejando la decisión del Banco Europeo y las novedades de la Reserva Federal. Toda esa galería de truhanes y bribones de las finanzas lo único que desea es que se arme un festival de bonos y que los mercados vuelvan a mostrar sus presas. Si hay algo que les preocupa es cuando se habla de austeridad, disciplina fiscal, seriedad con los números y las políticas. Eso no es negocio, menos todavía si se va extendiendo en el tiempo. Han visto muy reducidas sus áreas de «caza», sintetizadas en buena medida en indicadores bursátiles que dan la impresión de estar seriamente manejados por esa comunidad de enemigos de los esquemas sensatos promoviendo una vuelta a los desastres.
Si algo quieren es que las políticas sean las de emparcharlo todo, de dar una vuelta de página y que el mundo vuelva a ser un enorme escenario donde salir a plantar sus estratagemas. Y que la rueda de las ganancias financieras se ponga en marcha, sin importar cuántos quedarán triturados en el medio.
Bernanke hizo lo suyo, el Banco Europeo terminó por doblegarse, asimilando «activos tóxicos» para que la cadena bancaria retome sus insólitas aventuras. Dejando a las Bolsas «pegadas», como lo hicieron con esos bonos hipotecarios irrespetuosos. El mal sobrevive.

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