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Cupones bursátiles
Pasado eso, a toda prisa, con dos «expectativas» que salieron a pedir de boca apareció súbitamente la Reserva Federal, difundiendo una tercera ronda de ayuda a la economía (cuando no hacía muchos días que Bernanke lo había dejado en suspenso, por si hiciera falta en algún momento). El tal momento llegó tan rápido, que las tres cuestiones se hilvanaron en un movimiento que quemó cartuchos hasta vaciar la carga. Cada una de esas «expectativas» poseía peso específico, para regir un período alcista, y esto podía haber generado ruido más sostenido y ampliar la suba de ánimo de los mercados globales. Al resumirse en tan corto lapso, el efecto resultó notorio hasta llegar al primer fin de semana -cuando operadores, e inversores, se despojan del ritmo y van sacando cuentas- encontrando después de tal tierra fértil, la carencia de más nutrientes para poder sostener el impulso. Y el dilema estuvo gobernando toda la semana pasada, con índice y desarrollos que deambularon sin mucho sentido, solamente levantando las defensas ante tomas de utilidades. El posible alimento inédito deberá provenir de algunos datos menores, rebuscado en el listado, más la entusiasta labor -imaginativa- de los que pueden convertir un plomo común en un proyectil. A menos que exista algo pesado, que todavía está esperando para surgir, sin que pueda intuirse desde qué economía o región.
En lo teórico, el escenario a trazar carece de aristas de gran relevancia y puede asistirse a una lucha de permanentes trabazones, entre las fuerzas del mercado. Sería de desear que exista cierta dinámica, en alguna dirección, para no soportar otra etapa tan fastidiosa y falta de atractivos, como la pasada. Claro, es simple deseo del observador y comentarista: los protagonistas se podrán conformar con no soportar bajas. Y está bien.


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