2 de noviembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Desde el lejano agosto de 1977, cuando ingresamos a este medio apenas ocho meses después de su fundación, siempre mantuvimos la creencia en que un periodista especializado en un tema debía ejercer el derecho de analizar y opinar, sobre éste. Sin limitarse a ser un simple difusor de novedades, absteniéndose de cuestiones un tanto urticantes. Que, además, la crítica tiene alguna utilidad cuando se realiza sobre el mismo momento de los hechos. Y, de última, que uno debe vender al medio su trabajo, pero no sus convicciones y la veracidad de la opinión: decir lo que se piensa, sin edulcorantes. Equivocados, o no, es la creencia en que tanto el empleador como los lectores aguardan de un periodista. Y en este octubre que será una enorme bisagra en el sistema bursátil nacional, acaso como nunca en su historia, no nos ahorramos opinión respecto del «proyecto» propuesto que viene a reemplazar de cuajo, a la Ley 17.811 que fue eficaz, como probada, desde 1968. Y porque no creemos en que el asunto de la «seguridad» en nuestro sistema haya sido puesto en duda: ni siquiera en los puntos límite y en las pruebas a fondo (como en la crisis de 2011). A lo largo de tanto tiempo, la colección del diario es testigo, también sentamos opinión, y críticas, sobre las entidades del actual andamiaje. En su momento. Aun discutiendo con autoridades del Merval y la Bolsa. La expresión «decadencia» la utilizamos desde largo rato, culpando a las entidades de haber «perdido la calle»: de morar en la comodidad de la tecnología, reemplazando al «voceo» y al público que le daba vida al mercado, por cantidad de terminales. El no haber hecho nada ante la deserción de empresas, basándose en la idea de que lo único importante era la «capitalización bursátil».

De orden que compete a todas las instituciones, el haberse abstraído de diagramar campañas masivas frente a competidores de lo bursátil. Y permanecer en silencio absoluto, hasta frente a grandes ocasiones (como en 2001, donde frente al caos general en la Bolsa no se precisaron feriados, ni auxilios, liquidando todos los compromisos). Despreciar lo que en el ambiente se denominaba «el chiquitaje» y una pasividad total, sin siquiera armar foros de notables para buscar quebrar la tendencia a la decadencia. Pero, todo eso y bastante más, lo fuimos escribiendo, y repitiendo, en el tiempo. Aunque a muchos del ambiente interno no les gustara. Lo de ahora, creemos destruye, pero no construye (y todo cambio no es progreso).

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