21 de noviembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

El lunes todo sonrió a los vapuleados índices bursátiles globales. En realidad, a casi todos. Se vio al Dow Jones salir al ataque y procurarse una reacción que coloque un poco de entusiasmo cuando falta tan poco para cerrar el 2012, donde ellos siempre aguardan ese «raid navideño» que les dé el empujón alcista. Los europeos no titubearon en aprovechar la ocasión (y el Bovespa tampoco se la perdió). Muchos con rebotes de hasta más del 2 por ciento, otros algo por debajo, pero haciendo un lunes de «cajita feliz».

El «casi» -que no pudo estar con todos- resultó el indicador local. Con mínima expresión en el Merval, pero hasta dando la nota de mostrar negativo en medidor Bolsa -nivel general- con un volumen escaso y en retroceso, para mirar desde lejos aquello que hicieron sus colegas del exterior. Todo partió desde el epicentro de siempre, utilizando un motivo que antes había sido causal de fuertes descensos: el mentado «abismo fiscal», de Estados Unidos. No se debe ser un vidente, o un «gurú» acomodaticio (de los que tanto abundan) para llegar a concluir que las fuerzas políticas del Norte habrán de evitar el desastre total. Solamente falta ver cuánto durarán las discusiones, de qué modo se presionarán para imponer condiciones. Lo de siempre y bien «americano», negociar, salvar apariencias y entregar algunas parcelas de territorio (si les quedan a salvo las más codiciadas). Por lo tanto, no resultaban ninguna «gran noticia» que Obama y sus rivales estuvieran buscando un acuerdo, para emparchar el tal «abismo» y que el mundo no se altere, ni caiga en pánico.

Pero se utilizó tal acercamiento político para estallar en un jolgorio de repuntes, que solamente dejó afuera a Buenos Aires. Y aquí, como tantas veces sucede, caben dos lecturas. La mala, que nuestro índice se perdió de obtener un buen repuntar y que tan bien le viene, siendo uno de los negativos del año, sabiendo que las alzas que se pierden no se recuperan más (aunque vengan otras). La buena, que podemos considerar al recinto porteño como el más equilibrado y sin dar más crédito que el que poseía, una noticia que estaba lejos de emocionar. En todo caso, los otros armando un festejo con nada y el Merval en día común.

La tercera visión: que aquí hay cuestiones que traban a nuestro mercado, desde afuera y adentro, como para quedarse sin fuerza de demanda. Hay para elegir...

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