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Inclusive, ya que procederán a enterrarla, no estaría mal que pueda irse manteniendo su historia -y su nombre- intacta. En todo caso, frente a los demás cambios es uno de los interrogantes de menor peso. Los de fondo se refieren a: de qué modo se valuarán sus activos, cuántas acciones conformarán su capital y qué valor técnico poseerán esos títulos. Si se realizará una colocación por licitación o se adoptará otro mecanismo. Y cuando esto se complete: quiénes conformarán el «grupo de control» y qué porcentaje caerá en manos de minoritarios.
Faltará también conocer los nuevos estatutos sociales, las políticas de distribución, además del objetivo social futuro (a qué negocios habrá de dedicarse para obtener sus beneficios). En síntesis, falta lo principal y que es el núcleo de una idea que solamente está mencionada de modo muy superficial en el «proyecto» que será ley. Lo que hoy nos queda claro, solamente, es que el porvenir dirá si será mejor, si no lo será, si se justificarán los cambios para los fines que se aducen. Y por encima de todo: que los 158 años de Bolsa de Comercio ya son sólo un pasado. Tiempos modernos: en apenas un mes se demuele más de siglo y medio de trayectoria sin siquiera titubear. Archívese.


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