22 de noviembre 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

 «Nacida en 10 de julio...» (de 1854), un título para el que quiera realizar una biografía sobre la Bolsa de Comercio de Buenos Aires que, tras permanecer vigente a lo largo de 158 años en nuestro medio ha dejado de ser, en un noviembre del 2012. Lo que surge, a partir de la nueva ley, acaso conserve algunos rasgos de la institución original. Tal vez le queden algunas funciones que cumplía, pero lo esencial de su cuerpo sólo quedará para referirlo en textos sobre historia. A menos que promulguen otras veloces disposiciones -todo es posible- podrá conservar la fachada del hermoso edificio inaugurado en 1916 (la que en algún momento se denominó como «la esquina de las finanzas», en Sarmiento y 25 de Mayo), porque fue distinguido como Patrimonio Histórico de la Ciudad. Todo lo demás está en el suspenso que se extenderá hasta que la ley se reglamente y se lleve a la práctica. Al pasar a la figura de ser una «sociedad anónima» -a partir de ahora con fines de lucro- ni siquiera su nombre original está ciento por ciento asegurado. Tal vez, alguna idea ingeniosa -y con poder- decida que sea «Bolsa de Valores». Otros discutirán para llamarla «Mercado de...».

Inclusive, ya que procederán a enterrarla, no estaría mal que pueda irse manteniendo su historia -y su nombre- intacta. En todo caso, frente a los demás cambios es uno de los interrogantes de menor peso. Los de fondo se refieren a: de qué modo se valuarán sus activos, cuántas acciones conformarán su capital y qué valor técnico poseerán esos títulos. Si se realizará una colocación por licitación o se adoptará otro mecanismo. Y cuando esto se complete: quiénes conformarán el «grupo de control» y qué porcentaje caerá en manos de minoritarios.

Faltará también conocer los nuevos estatutos sociales, las políticas de distribución, además del objetivo social futuro (a qué negocios habrá de dedicarse para obtener sus beneficios). En síntesis, falta lo principal y que es el núcleo de una idea que solamente está mencionada de modo muy superficial en el «proyecto» que será ley. Lo que hoy nos queda claro, solamente, es que el porvenir dirá si será mejor, si no lo será, si se justificarán los cambios para los fines que se aducen. Y por encima de todo: que los 158 años de Bolsa de Comercio ya son sólo un pasado. Tiempos modernos: en apenas un mes se demuele más de siglo y medio de trayectoria sin siquiera titubear. Archívese.

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