La frágil tregua conseguida en la caldera de Gaza les proporcionó una bocanada de oxígeno a los indicadores bursátiles globales el miércoles. No los rebusques de autores de mensajes de Wall Street, que toman algún par de indicadores -entre cientos de miles- de la economía del Norte, pretendiendo con eso generar una corriente positiva. En tanto, se han descubierto más tropelías, en medio todavía de la crisis, en los principales centros de negocios. Como el descubrir «información confidencial» utilizada en los Estados Unidos para beneficiarse vendiendo títulos (antes de que se hicieran públicos sendos fracasos de laboratorios, que buscaban una cura). Y una aparente estafa consumada desde Gran Bretaña, donde la empresa Hewlett-Packard adquirió una sociedad por 11.000 millones de dólares hasta que descubrió números falseados que le costarán 5.000 millones. El atribulado directivo de la estafada alcanzó a decir que «nos hicieron una emboscada...». Está lindo el mundo, las regulaciones prometidas, los severos controles que tenían que sobrevenir después del gran escándalo de las hipotecas. Esto son los que, así se dice, nos han exigido transparencias, seguridades, regulaciones, modificaciones de cuajo (como las que dieron origen al «proyecto»). Impresentables. Los de afuera que pretenden vender conductas que ellos mismos no pueden poner en caja y también los que quieren utilizar el argumento, en lo interno, para llevar adelante un desmantelamiento de todo el sistema vigente. Pero siempre quedará muy «paquete» hacer ver que nuestro país se pone en línea con los grandes, con el «primer mundo».
Afuera no han podido llevar adelante ninguna de las reformas ni aplicaciones de severos castigos que un ofuscado Obama proclamara al ganar por vez primera. Lo único que hicieron fue impedir esa vergonzosa idea de fusión del NYSE con la Bolsa europea, tirando por la borda todo el historial y el simbolismo que procede de su mercado. Punto y aparte. No queremos seguir ahondando en considerandos de un «proyecto», las declaraciones que preceden a los artículos y descripción de motivos, porque como los señores legisladores lo vieron pasar, ahora todo huelga. De última, como manifestara Almafuerte: «Detente lógica, no quieras, que se vuelvan pesimistas los idiotas...».
(Sólo decir que, el miércoles, los mercados subieron.)
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