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Cupones Bursátiles
Por oposición a la ebullición, el colorido, el griterío en las grandes jornadas, que distinguía a las ruedas latinas, una de ellas, la nuestra, que -en ciertos pasajes- era más importante que las de Brasil (cuando Río y San Pablo estaban separadas, después fusionadas). Y uno de los «pecados» mayores cometidos en nuestro sistema resultó, justamente, ése.
Dejar que un recinto como el actual, preparado a la altura de los mejores -en 1984, cuando se inauguró- y pleno de vida y «sangre caliente» en las ruedas, se volviera una especie de Bolsa «sajona». Primero, aparecieron algunas máquinas terminales (con la excusa de que ello era para «ayudar» la labor de los agentes). Después, se pudo observar que la idea iba mucho más allá y evitar que las habituales «Plazas» de comisionistas se continuaran realizando. Así, como ayer, en conmemoración de un aniversario de la «Cámara de Agentes y Sociedades de Bolsa», dábamos el perfil de los profesionales que constituían el «arte de operar» (y que eran formadores de nuevos inversores), apuntábamos las diferencias vitales con una máquina terminal: hoy, acentuamos el rasgo y echamos culpas directas al sistema bursátil tradicional por haber dejado que nuestro modo de operar fuera por la rejilla. Si es por acumulación de negocios
-que algunos, quizás, enarbolen- de qué modo pueden justificar ruedas como las que mencionamos, de $ 150 millones de volumen efectivo, cuando todo era trabajado desde el piso del recinto. Hoy hay que conformarse con ver esa enorme soledad que envuelve a las instalaciones de la Bolsa -y aledaños- para repetir jornadas que apenas si pasan de los $ 20 millones -en términos reales, serían moneditas- que enmarcan cada actuación. Como la nueva ley incorpora el criterio de habilitar más bocas de expendio, más jugadores además de los «183» del Merval, es casi imposible volver la historia atrás, con lo que seguirán todavía más potenciados los negocios por terminales en un modelo que iguala a los talentosos con los mediocres.
El caso es que todos cobran igual comisión. Una faceta de la decadencia la vemos de lleno en esto.


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