27 de enero 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

En medio de los zafarranchos (otra palabra vieja, si las hay) en el mercado cambiario: era natural que sufrieran los otros participantes y -en el eslabón más expuesto- los que no cuentan con ningún tipo de referencia fija y solamente están al arbitrio de la oferta y la demanda: las acciones. Lo que no nos suena como tan natural es ver que entre las filas de los adherentes a que los títulos privados "están baratos" (sin importar nunca la altura que tomen las cotizaciones) se han dado vuelta varios, que ahora dicen: "No compren acciones". Extraño por demás, ya que el leitmotiv que sostenía la primera de las apreciaciones -lo "barato"- era la evolución en la cotización del dólar paralelo.

Visto el desempeño que tuvo esa moneda en días pasados, dando un salto que lo llevó hasta los $ 13, el respaldo al argumento unilateral que se esgrimía estaba dado y con holgura desmesurada: pero en lugar de reflejarlo con una evolución del Merval se vio un desplome de magnitud y que, al cerrar la semana, agregó casi un 4% de rebaje en las líderes.

Al parecer, ahora se desató una fiebre irrefrenable por todo aquello que sin ser dólar billete posea un parentesco directo, con tal moneda. Así, se han visto evolucionar hasta numerosos papales "provinciales", que se hicieron apetecibles por estar relacionados con el dólar. Cuánto más "baratos" aparecen ahora -siguiendo el argumento que tanto se proclamó-, muchos títulos que operaron opuestos a la suba de la divisa, con bajas de nota. Sin embargo, la "recomendación" va por el lado de quitarse los papeles de las carteras y pensar solamente en lo que es dólar, o primo directo.

Dentro de la verdadera estampida que se viera, hubo también castigos distintos: sufrieron mucho las acciones bancarias, como las de servicios y energía.

Por momentos se mantuvieron a flote las que poseen una rama "exportadora" en su producción, y en este caso bajo el razonamiento de que enviarán lo suyo a un dólar ya de $ 8 (y esto puede generar ingresos fuertes e inesperados). Sin embargo, no todas son iguales y además del poder exportador hay que analizar de qué modo les pegará el mismo dólar enardecido sobre fuertes pasivos en moneda foránea.

Se trabaja, se opina, y hasta se termina operando, mucho más con la mentalidad del jugador que con la del inversor. De tal forma se arman las "manadas", corriendo todos hacia el otro lado, por la fiebre del momento, creando desequilibrios que un inversor bien podría aprovechar.

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