20 de febrero 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Entre el arribo de trimestrales de diciembre -en el mes que corre- y las "memorias" a igual cierre, que llegarán en marzo de manera mayoritaria, como es uno de los hábitos más perjudiciales de nuestro sistema bursátil, el interesado estará observando una imagen del trimestre final de 2013. En épocas donde las aguas económicas surcan tranquilas, que no suele ser nuestro caso local, el inconveniente se disimula. Porque en un contexto parejo -y previsible- hasta se pueden lanzar serias proyecciones para acertar con resultados siguientes de las empresas y llegar cerca de la realidad, después constatable. No es justamente el comienzo de 2014, principio de trimestre a cerrar en marzo, el caso afortunado. Solamente con el violento andar del mercado cambiario, seguido de la estampida sobre las tasas de interés, se formó allí un polo explosivo para gran parte de las "zonas bajas" de los cuadros de resultados. Sin siquiera incorporar la tercera pésima variable, la inflación, tampoco dando por hecho el pronóstico que ya muchos avalan -sobre recesión probable-, con las dos primeras causales de profundos cambios en el panorama que persistía hasta diciembre es bastante.

El gran "eslabón débil" de la mayoría de las estructuras empresarias cotizantes radica en la magnitud de los pasivos y, a partir de esto, de las dos clases. Tanto los preocupantes, en moneda extranjera, como también a partir de la escalada de tasas en moneda local constituyen una suerte de "agujero negro" para cuando los estados contables de marzo deban realizarse. En términos cronológicos, todavía tal presentación pública queda bien alejada del presente (cerrando en marzo, se mostrarán recién a mediados de mayo), pero en función del espíritu que gobierna la actividad -el anticipo- es un asunto que todo interviniente en el mercado debe tratar desde ahora.

Nosotros, teniendo que ver y comentar un balance diariamente, notamos que el "virus" que carcome en los pasivos y se deglute las utilidades "operativas" al llegar a la zona inferior de los cuadros es mal de una buena parte de las cotizantes. Y ya en finales de 2013 estaban tomando cada vez mayor cuerpo en las sumas erogadas por el renglón de "lo financiero". Si se llega al extremo de colocar en un mismo recipiente todos los componentes mencionados -dólar, tasas, inflación, recesión-, la masa final resulta altamente "tóxica" para decidir los pasos sobre cartera accionaria. Dejar enteramente de lado los números de los balances para depositar la motivación en el teórico nivel de los paquetes accionarios en dólares parece una lucha desigual (y pasible de ser desbordada).

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