10 de marzo 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Los "Diálogos en Wall Street" que semanalmente nos brinda el economista -y querido colega- José Siaba Serrate resultan imperdibles (edición del pasado viernes 7). A través del diálogo imaginario con el inmortal Gordon Gekko, se cae en la cuenta del punto de conexión en el que se encuentra la fabulosa, histórica, inédita, exuberante... y todos los calificativos que se le ocurran al observador, del Dow Jones (y "sus amigos"). Desde la Fed se agregan voces de integrantes que ya están en el bando de los que ven una exageración sin argumentos la trepada contínua de los precios accionarios. Primera referencia al último ejemplo, el asunto Ucrania, donde Gekko afirma: "Las malas noticias son buenas noticias. Se tapan con la cortina del frío polar. Y las buenas noticias -como la caída de pedidos de subsidios de desempleo- a su mínimo de tres meses, son igualmente bien recibidas." Respecto del listado que se engrosó con la aparición de Richard Fisher, titular de la Fed de Dallas, el periodista apunta que: "Fisher no anduvo con pelos en la lengua. Criticó la valuación actual del mercado de acciones (la relación precios a ganancias proyectadas y la de precios a ventas) y subrayó que orilla un umbral que no se veía desde la explosión de las compañías a fines de 1990...". Y dice Gekko: "También puso el acento en la capitalización de la Bolsa, relativa al PBI que no es para nada tímida". Y se remata la apreciación con la recomendación a que "el Banco Central monitoree los indicadores y se asegure de no estar alimentando una nueva burbuja".

El conjunto que está en la misma tesitura ya reúne a un quinteto además de Fisher, los gobernadores Stein y Terullo. Y los presidentes de distrito, Lacker y Plosser, cada uno -a su modo de decir- expresaron el mismo temor, acerca de lo que se cierne sobre Wall Street. Por ahora, recordando aquellos años a finales de los 90 y previos al estallido de las "tecnológicas" nos viene a la memoria cuando Greenspan -desde la Fed- advertía de límites que se habían atravesado y los operadores del NYSE se le reían en la cara. Hasta que todo explotó por los aires y los organismos estatales tuvieron que hacerse cargo de limpiar el enchastre (y la sangre derramada). Téngalo presente el lector porque es una de las cuestiones que se nos han grabado a fuego, de tantos años de ver Bolsa, más haber leído sobre lo que no vimos, nunca, pero nunca, va a surgir la prudencia y el frenar a tiempo de los actores en un mercado lanzado a la codicia. Así es.

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