20 de marzo 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Dejamos en la columna anterior un último párrafo acerca de los dichos, o pronósticos, que se dfunden como muestras "gratis" en todo el mundo y todo tip de medios, de parte de personajes con chapa de famosos (o "gurúes" siempre certeros). Lo último de esto tuvimos que exponer días atrás cuando en una nota del diario The Guardian se citaba que "George Soros estaría vendiendo sus acciones en Wall Street". Ya hicimos ciertas disquisiciones puntuales sobre ello que son repetición de lo que solemos observar a lo largo de los años en las mismas causas. El "inversor inteligente" -como lo definía Benjamin Graham, maestro de Warren Buffet- tiene la fórmula más práctica ante ello es obrar en la dirección opuesta a la que le están indicando. Ejemplo: si le mencionan que "el mayor inversor ganador del mundo" está comprando determinado mercado o especie. Lo mejor para el inversor común es ponerse en vendedor o de mínima quedarse quieto pero no imitar la actitud que le difundieron. Así como a la inversa, si le dicen que determinada "casa de inversión" líder ha recomendado a sus clientes asumir posición "compradora" (venda). Si afirman, en la difusión, que recomendó "vender", usted compre. Es tan sencillo como aplicar lo mismo que afirmaba Livermore y que vimos ayer, nadie le va a participar de un secreto, o decirlo públicamente, hasta que no haya saciado sus apetencias previamente. Y nadie le dirá que hay que tomar determinada actitud en cualquier dirección, si no está haciendo la contraria. Porque se trata de no generar competidores -en la compra o en la venta- hasta tanto no completar su necesidad. Y si precisa colocar cantidad importante, en cualquier mercado, el mensaje será el de "comprar" (para que todos se enteren y formen una corriente "tomadora", mientras el farsante -estafador intelectual- se cansa de "vneder").

Respecto de leyes, marcos, normas, como quiera decirse, recordemos que está vigente y debe ser la de mayor aplicación (al menos en el exterior) la referida a "información confidencial". Aquí, en lejanos tiempos y con aplicación muy endeble se poseía la normativa (a manejar por la CNV) referida a opiniones, de cualquier tipo y en cualquier dirección, que tuviera incidencia en la formación, pública y libre, de los precios de los títulos cotizantes. Norma que, por supuesto, incluía y hasta con mayor enjundia a directivos de las compañías y -el punto mayor- en todo calibre de "funcionario público".

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