8 de septiembre 2014 - 00:00

Cupones bursátiles

Echar una mirada atrás, en la estadística bursátil local, es encontrar puntos fijos para el asombro. Si se toma como base de partida el funesto año 2008 y en especial el mes de noviembre, el Merval tocó en un intradiario los 900 puntos, que pudo servir de "fondo del pozo". Y lo que siguió fue en aumento, terminando el mes con 993 unidades. El ejercicio completo dejó al cerrar diciembre, un descenso del nivel Merval de nada menos que un 50%.

Lo que sobrevino a partir del 2008, resultó una marcha triunfal para el sector accionario y solamente en una ocasión -el 2011- tuvo que lamerse heridas (que fueron de un 30%). El 2009 resultó la máxima expresión, hasta el momento, porque el Merval trepó un 115% en los doce meses. Y un doble salto en largo, que reportó para el ejercicio 2010 un excelente 52%. Pasado el sofocón comentado -del 2011- el ejercicio siguiente resultó apenas positivo en lo "nominal" -con 16%- indudablemente perdidoso en términos reales (por más confusión que se quiera generar, entre las estadísticas del Indec y las privadas). El 2013 fue un retorno con los motores accionarios trabajando a pleno, fijando al cabo del año un excelente 89% de utilidad, en las carteras líderes.

Pero, el ejercicio para colocar en un marco es el actual. Movido de modo extrabursátil por el mecanismo del llamado "contado con liqui", las cuentas lucen fantásticas. Habrá que comprobar la realidad meramente bursátil que contienen las cotizaciones, respecto de las apetencias para lo cambiario.

El hecho concreto es que llegados a inicios de setiembre el Merval ya está ganando -en poco más de ocho meses- cifra similar a la ganancia del 2013. Estamos con un 90% de diferencia y faltando tres meses y medio de mercado 2014.

Cualquier proyección de trayecto muy lineal, dirá que si se continúa en el ritmo promedio (a más de un 10% mensual) el índice nacional alcanzaría la fantástica cumbre de 120/130% de utilidad, en doce meses.

Esto no tiene nada que lo emparente a lo que puedan rendir las acciones, a través de los números que las sustentan. Quedando solamente la apelación a "lo que poco que valen en dólares...", sin poder saberse a cuánto deberían cotizar para que -supuestamente- estuvieran bien valuadas. El presente será un año inolvidable, más allá del interés del bolsilo, por lo atractivo para descubrir una faceta inédita: de cómo se pueden conseguir soberbias utilidades, teniendo escaso argumento genuino.

Fascinante.

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