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Dichas políticas permitieron a Li desplegar inversiones en todo el país y usarlas como matriz para la definitiva internacionalización de sus compañías, así como para apoderarse del naciente mercado asiático.
A raíz de ésto, las corporaciones de Ka-Shing pasaron a controlar al mismo, mientras que gracias a sus excelentes relaciones con el Gobierno chino, y a su posición de mediador entre éste y la entonces colonia británica de Hong Kong, sus empresas gozaron de diez años de absoluto monopolio.
De esta forma, en la década de los 80 Li Ka-Shing surgió como uno de los hombres más acaudalados de China y de Asia, posición que de ahí en adelante se fortalecería hasta alcanzar su estatus actual: el tercero en el ranking de los más ricos del continente, la decimocuarta fortuna personal del mundo, según Forbes.
La escuela de negocios de Harvard resume la carrera de Li de la siguiente manera:
"Desde sus humildes comienzos en China como el hijo de un maestro, un refugiado y luego como vendedor, Li ofrece una lección de integridad y capacidad de adaptación. A través del trabajo duro, y con una reputación de ser fiel a su brújula moral interna, fue capaz de construir un imperio empresarial que incluye: banca, construcción, bienes raíces, plásticos, teléfonos celulares, televisión por satélite, la producción de cemento, distribuidores al por menor (farmacias y supermercados), hoteles, transporte aéreo nacional (tren del cielo), aeropuertos, energía eléctrica, producción de acero, puertos y transporte marítimo."
En enero de 2005, Li anunció la venta de su participación de 1200 millones de euros en el Canadian Imperial Bank de Comercio, todas las ganancias fueron destinadas a fundaciones caritativas privadas establecidas por Li como la Fundación Li Ka Shing en Hong Kong y la Fundación Li Ka Shing con sede en Toronto, Canadá.


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