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Pasaron muy pocos años y el pequeño taller se extendió hasta contar con una nómina de 100 empleados. Y fue precisamente en esa factoria donde Rudolf y Adolf crearon los primeros modelos para fútbol y atletismo de la historia.
Lejos estaban de pensar dónde llegarían con sus creaciones deportivas y que tambien lo impensable pudiera sucederles.
Se desata la Segunda Guerra Mundial y durante un bombardeo, algo o alguien (nunca llegó a saberse) rompió la unión de los hasta entonces inseparables hermanos. Un malentendido dentro de un refugio antiaéreo hizo que se separan para siempre sin posibilidad de reconciliación.
Adolf se quedó con la empresa familiar y Rudolf se llevó a todos sus empleados para fundar una empresa en la misma ciudad, pero al otro lado del río.
Esta empresa se llamaría Ruda AG (Rudolf Dassler), que poco después evolucionó a Puma AG (apodo que identificaba a Rudolf de pequeño).
Un año después Adolf cambiaría el nombre de la empresa (uniendo también su diminutivo y su apellido) a Adidas AG (Adidassler).
Aunque parezca increíble la pequeña ciudad quedó separada por ambas empresas.
Había un hotel donde concurrían los que tenían afínidad con Adidas en una parte del río y otro afín a Puma en la otra.
Pasaba lo mismo con las carnicerías, panaderías, pastelerías, cualquier tipo de tienda.
Un residente afín a Adidas jamás iba a ningún comercio del otro lado del río y lo mismo pasaba con los de Puma.
Pero el éxito no le fue esquivo a ninguno de los dos y sus marcas en la actualidad, son reconocidas en todo el mundo.
Consecuentes con su forma de ser irreconciliables en la vida, también los hermanos Dassler lo fueron cuando dejaron este mundo. Por expreso pedido cuando ambos murieron, sus tumbas fueron construidas lo más alejadas posible, una de la otra en el cementerio local.


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