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Agostino era un humilde artesano, como suele suceder menudo en las historias de las pocas familias del capitalismo italiano. Previo a guerra, Agostino tenía una pequeña fábrica de confetis y regaliz en Lainate, al norte de Milán. La supervivencia de la familia estaba garantizada, por las ventas del ño negocio por él, y por los ingresos que procuraban sus dos hijos, Ambrogio y Egidio, que se habían convertido en vendedores ambulantes de los productos que fabricaba su padre.
En la actualidad, todavía ún anciano de Lainate a los dos hermanos con sus pantalones cortos, transitando la región y vendiendo caramelos y regaliz con una pequeña caja al cuello.
En 1946 se produce la coyuntura. Los hijos de Agostino no se limitan a permanecer pasmados ante el continuo mascar de los soldados americanos, sino que tienen la idea de importar a Italia el chicle americano. Y esa intuición se convierte en realidad con la puesta en marcha de una pequeña empresa, Dolcificio Lombardo, una ábrica con 50 empleados que al poco tiempo se transformaría en la Perfetti Spa (con más de 500 empleados entonces).
Eran los años del " boom industrial " y la moda del chicle se extiende por toda la península itálica.
Ambrogio y Egidio Perfetti importan de América las técnicas productivas y el marketing; de Japón, las máquinas para trabajar el chicle, y del sudeste asiático, la goma de mascar. En 1968 crean Gum Base, una empresa para producir la goma base, es decir, la materia prima fundamental del chicle. Hoy, es una de las principales sociedades en el mundo. Mañana continuamos.

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