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Cupones bursátiles
Cuatro años después regresó a Antofagasta con 30 mil dólares que invirtió en una casa de cambios y una concesionaria Ford de su tío. Luego, adquirió, con un socio, la mina de cobre Portezuelo, cuatro años después, una firma japonesa le ofreció comprarla, pidió 500 mil dólares y los japoneses se los pagaron, a los 30 años ya era millonario. Y la historia siguió, hasta llegar a conformar el poderoso grupo.
Iris Fontbona no ejerce el control diario de los negocios que desarrolla el grupo Luksic (la familia se encarga) pero sí recibe periódicamente informes detallados sobre sus empresas y, una que otra vez, asigna roles dentro del conglomerado para llevar "discretamente" las riendas de sus inversiones y mantener un equilibrio de poderes dentro del clan (hijos y nietos que ocupan cargos).
Pero el verdadero poder de Fontbona no está en Chile o en la relación directa que mantiene con sus hijos y nietos. Su influencia se encuentra al otro lado del Atlántico, en el pequeño principado de Liechtenstein. Allí, la señora ostenta el control de la mesa directiva de las fundaciones creadas por su marido entre los 70 y 80, donde nace la propiedad de todo el imperio que el empresario y su familia ramificaron en Chile, Argentina, Uruguay, Canadá, Estados Unidos, Europa y Croacia. Mañana continuamos.


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