Henry Blodget - 2a parte. Salvo AOL, que se unió a Time Warner y pasó a convertirse en un gigante tecnológico en el sector de medios, todas las demás empresas cayeron al precipicio y algunas hasta desaparecieron, como Exodus. A fines de 2001 Merrill Lynch invitó a Blodget a abandonar la firma. Claro que con una indemnización varias veces millonaria.
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Quizás por la ruina que invadió las bolsas o porque ya nadie o pocos cree en los gurus, quizás por eso del desprestigio o concretamente porque ya no servía como anzuelo para ganar montañas de dólares, Merrill Lynch se saca de encima a su analista estrella. Blodget pasa a dedicarse a escribir sus experiencias sobre internet y a gozar sin culpa de los millones ganados.
Fue declarado culpable de hacer recomendaciones engañosas, pues en privado dudaba de la viabilidad de las empresas del sector. Prohibida por sentencia su vuelta a las mesas de análisis, volvió al periodismo y en un artículo en The Atlantic explica cómo, por segunda vez en diez años, tuvo que vivir una burbuja financiera.
Reciclaje
El desafortunado Blodget relata cómo, tras años de negarse a comprar casa, finalmente adquirió en 2007 una vivienda que al poco tiempo valía menos que el crédito. Y confecciona, también, una curiosa lista sobre las personas que le asesoraron mal antes de hacer tan mala compra. Para concluir que nadie le obligó ni le engañó abiertamente, aunque todos tenían su parte de responsabilidad.
Blodget apunta a que las burbujas son inherentes al capitalismo, que todo el mundo tiene la culpa de ellas y que las de 2000 y 2008 son dos episodios de la enorme burbuja crediticia que se inició en los 90.
Ryan, un emprendedor del sector de tecnología que había dado en el clavo con la venta de Dou-bleclick, ofreció al ex analista, que aceptó encantado, dirigir un proyecto de revista digital que tenía en mente. En 2007 arrancaba Business Insider, una publicación que combina juiciosos análisis financieros -Blodget publica en torno a cinco comentarios al día- con informaciones más ligeras, poco o nada relacionadas con el mercado. El objetivo es ganar audiencia a toda costa, sin descartar ciertos tics sensacionalistas, y competir tanto con The Wall Street Journal como con The Huffington Post.
El nombramiento de Blodget como redactor jefe suscitó muchas críticas. En determinados sectores no le han perdonado sus oscuras maniobras durante la burbuja tecnológica.
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