8 de diciembre 2008 - 00:00

Cynthia Cohen: el regreso de la estética del "pop"

«Ciervo» de Cynthia Cohen: un arte que establece un puente con losestilos dominantes en los años 60.
«Ciervo» de Cynthia Cohen: un arte que establece un puente con los estilos dominantes en los años 60.
  • La galería Zavaleta Lab inauguró un gran espacio este año en San Telmo, y cierra la temporada con «Colorama», una serie de pinturas de Cynthia Cohen ligadas al arte pop. Con sus colores restallantes, las inmensas telas exhiben la alegría exultante que caracteriza al pop, parecerían participar -a simple vista- de la celebración de los objetos de uso cotidiano que distingue a este movimiento, y que hoy perdura en algunas vertientes contemporáneas. Sin embargo, las explosiones de color de Cohen expresan una violencia latente ajena al espíritu festivo del pop; espíritu que, si bien se condice con el tema de las obras, con la aparente inocencia de los juguetes de plástico que le sirvieron de modelos, adquiere otra significación en la superficie de los cuadros.

  • Expuestos en una vitrina junto a las pinturas, un ciervo, varios lagartos y dinosaurios, un caballero con su lanza y un campesino de minúscula estatura, son lo que son: pequeñas piezas de un juego infantil. Pero en el territorio de dimensiones extraordinarias de los lienzos, estas figuritas de plástico sabiamente dispersas, con su actitud expectante y su aspecto juguetón, parecieran aguardar una batalla inminente.

    Bajo la apariencia de un comic gigantesco, los personajes de fábula aparecen animados por el espíritu de la guerra: el ciervo es un blanco fácil, los lagartos se agazapan entre manchas de colores glamorosos.

    Cohen se sirve de los engañosos atributos de los carteles publicitarios, y sus objetos respiran a la par de los incomparables y humanizados juguetitos de Liliana Porter, pero más allá de estas influencias, su obra ostenta un rasgo particular: depara la sensación de que algo innominado está por acontecer. Y es algo que el espectador debe obligadamente imaginar.

    Refiriéndose a una de estas pinturas, «Playing the game», la crítica Laura Batkis observó: «La artista reflexiona lúdicamente sobre el poder, rotando los personajes que ocupan en cada momento el lugar protagónico de la escena».

    Así, mientras los ojos vagabundean por las pinturas, la felicidad del Pop se transforma en una parodia, y la selva de colores voluptuosos se convierte en un simulacro que esconde, en medio de su multicolor espesura, un mundo inquietante, ajeno a los ideales del paraíso.

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