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De Jujuy a la gloria del Monumental
Habían pasado 2.946 días de la última victoria de River en terreno del eterno rival. Claro que la historia de Ortega en River no empezó en 1994. Desde temprana edad, deseaba jugar al fútbol para llegar a ser una gran estrella algún día, tal y como lo fue su padre en la liga de su provincia. A éste lo llamaban «el Burro», pues su patada era algo memorable, por lo tanto a Ariel lo apodaron «el Burrito», en honor a su padre.
Se formó futbolísticamente en Atlético Ledesma. «Mi meta era que me pagaran por jugar en la liga jujeña», había dicho. Sin embargo, el destino tenía preparado para él un futuro mucho más próspero. A los 15 años lo llevaron a las divisiones inferiores de River. Se sometió a una práctica de quince minutos realizada por el director general de fútbol amateur, Delem. Volvió a Jujuy y tras dos meses se integró definitivamente al club, en la sexta división. Disputó once partidos y saltó a la Reserva.
Debutó en el club de Núñez el 14 de diciembre de 1991, con 17 años, frente a Platense, de la mano nada menos que de su padre futbolístico y actual titular de la institución, Daniel Passarella y, desde ese momento, fue generando un idilio con la hinchada «millonaria». Fue victoria por 1-0 frente al Calamar. De ahí entonces, su vínculo con el hincha quedaría marcado a fuego. Ganó su primer título siendo titular en el Apertura 1993, jugando todos los partidos y convirtiendo un gol difícil de olvidar ante Mandiyú, de Corrientes, en el Monumental, el día que cumplía 20 años.
Volvió al año siguiente a dar otra vuelta olímpica, también en el Apertura y en 1996 conquistaría su primer título internacional: la Copa Libertadores.
Sus notables actuaciones lo llevaron a Europa. Fue vendido al Valencia, convirtiendo uno de los mejores goles de esa temporada frente a Barcelona en el mismísimo Camp Nou. Después desparramó su talento en Sampdoria y en Parma.
Pero un día, como Ramón Díaz o Enzo Francescoli -otros grandes ídolos de River-, decidió pegar la vuelta. En una tarde lluviosa de 2000 volvió y fue la figura en el triunfo de River por 4 a 1 ante Rosario Central. Formó un potente cuarteto atacante junto a Juan Pablo Ángel, Javier Saviola y Pablo Aimar, que sería recordado como los «Cuatro Fantásticos». Y conquistó el Clausura de 2002.
Cuando River gritó campeón por trigésima vez en su historia, Ortega tuvo que desembarcar en Fenerbahce, de Turquía.
Sin embargo, «el Burrito» no logró adaptarse en el club turco y regresó a la Argentina. Fenerbahce, ante el incumplimiento de su contrato, apeló a la FIFA, que lo inhabilitó profesionalmente.
Finalmente, en 2004 terminó de negociar su salida con los turcos y ese mismo año se sumó a Newells, con el que volvió a gritar campeón en el Apertura.
No obstante, su corazón latía en Núñez, y la gente de River lo quería nuevamente en el club. En agosto de 2006 volvió a su primer amor. Fue el 5 de noviembre, ante San Lorenzo, cuando ingresó a los 22 minutos del segundo tiempo reemplazando a Fernando Belluschi.
Como no podía ser de otra forma, «el Burrito» volvió a enamorar a su gente con un gol de gran factura: picó la pelota por sobre la cabeza del arquero Sebatián Saja. River ganó 5-0 y el idilio volvía a nacer.
Si bien en el segundo semestre de 2007 tuvo un nivel elevado de juego, Ortega comenzaba a ingresar en una etapa de decadencia. A esto se le sumó su adicción al alcohol, que le causó problemas en distintos momentos de su carrera. Fue separado del equipo tras la obtención de este torneo Clausura 2008 por Diego Simeone y fue cedido a préstamo a Independiente Rivadavia de Mendoza.
La intención de la dirigencia era que allí, liberado de las presiones de jugar en un equipo como River, pudiera recuperarse, para lo cual se sometería a un tratamiento ambulatorio en una clínica especializada en Santiago de Chile.
Eso jamás ocurrió y, como Ortega no se sintió a gusto en Mendoza, más de una vez expresó su deseo de volver a jugar en River. Esto se concretaría nuevamente en la segunda mitad de 2009. Sin embargo, su adicción jamás lo abandonó y eso provocó que el entrenador de River, Leonardo Astrada, decidiera excluirlo. Sin embargo, el flamante presidente Daniel Passarella salió a apoyar al jugador y terminó quedándose.
El resto de 2010 lo encontró con altibajos, marcando su último gol en el empate 2 a 2 ante Banfield.
La historia reciente dice que faltó el 5 de enero de 2011 en el primer entrenamiento de River y que 24 horas después, justo en el Día de Reyes, sus zapatitos quedaron vacíos. River lo terminaba echando. ¿Habrá sido el gol de penal que le convirtió al arquero de Banfield, Enrique Bologna, el último en su historia en River? ¿O «el Burrito» se atreverá a escribir en el futuro otro capítulo con la banda? Con un ídolo, nunca se sabe. Por lo pronto, ya dicen que tiene ofertas de los Emiratos Árabes, de un club de segunda de Brasil y que Ramón Díaz lo espera para conformar un nuevo San Lorenzo.


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