13 de marzo 2014 - 00:00

De la política criminal a la mezquindad política

La puesta en escena del reciente anteproyecto de Código Penal, entregado a la Presidente de la Nación por una comisión aparentemente pluralista en lo ideológico,no debe ni puede merecer un tratamiento tan liviano como el que el oficialismo pretende darle. Lamentablemente, el desarrollo de un tema de absoluta trascendencia político-criminal permanece oculto detrás del egoísmo político. Cualquier iniciado al desarrollo de políticas públicas sabe que un proyecto de esta envergadura requiere ser lanzando en los comienzos de una gestión política y no cuando se transita el último año de un Gobierno que llega a esta etapa sumamente lesionado en su credibilidad. Pretender que este anteproyecto sea visto como la totalidad o parte de la solución a los problemas de seguridad que atraviesa este país es un brutal intento de engañar a una comunidad seria y sanamente preocupada por este flagelo. Ni un solo artículo de ese engorroso anteproyecto impactará en lo más mínimo en la eficacia en la prevención del delito, entre otras razones, porque no es justamente su función específica.

Otros sectores de la oposición se han dejado seducir por el atajo de atribuir políticamente a un Gobierno el ser un "furioso garantista" en épocas de inseguridad ciudadana y víctimas desprotegidas,cuando no es verdaderamente cierto. Pero seamos honestos: tampoco un anteproyecto de Código Penal puede generar -ni siquiera el más malo-, un serio problema de impunidad, ni un aumento de penas se relaciona con la seguridad ciudadana. Esa mentira surge a flor de labios de la política partidaria de más baja monta. Este anteproyecto reveló que hoy existe en la Argentina un debate que no se da y que subyace a la discusión de la reforma del Código Penal y es el sistema penitenciario argentino. Mientras que la Constitución nacional, en su artículo 18, habla de cárceles sanas y limpias para la reinserción social de los delincuentes,la sociedad en su mayoría, reclama un sistema penitenciario de castigo, donde el delincuente pague su pena.

El egoísmo y autismo del Gobierno le ha dado aire a los peores proyectos opositores: una historia repetida. Queda para quienes aspiramos realmente a una Argentina mejor trabajar seriamente en los próximos períodos en el desarrollo de un modelo eficaz de prevención del delito, el debate de un modelo de política penitenciaria acorde, y la reforma del Código Penal sobre la base de éste u otro anteproyecto, preservándolo de la agenda electoral a fin de tener una visión completa del sistema normativo que no puede tener fisura alguna, sobre todo cuando estamos hablando de la seguridad y la libertad de los ciudadanos.



*Subsecretario de Asuntos Públicos de la CABA

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