30 de octubre 2013 - 00:00

De los códigos de Da Vinci a los del Museo del Prado

En “El Maestro del Prado”, Javier Serra  hace foco centralmente en El Bosco y deja fuera a Velázquez y Goya “porque este libro forma parte de una estrategia. Velázquez y Goya requieren de por sí otro libro. Si hubiera construido un libro con ellos habría sido un volumen de más de mil páginas”.
En “El Maestro del Prado”, Javier Serra hace foco centralmente en El Bosco y deja fuera a Velázquez y Goya “porque este libro forma parte de una estrategia. Velázquez y Goya requieren de por sí otro libro. Si hubiera construido un libro con ellos habría sido un volumen de más de mil páginas”.
Un misterioso connaisseur del Museo del Prado lleva a un joven Javier Sierra a descubrir las visiones místicas, los anuncios proféticos, las conspiraciones, los emblemas de las herejías, y hasta mensajes del más allá que esconden las obras de Rafael, Tiziano, El Bosco, Juan de Juanes, Botticelli, Brueghel y El Greco, según lo cuenta en su novela "El maestro del Prado", que acaba de publicar Planeta. Tras sus investigaciones de hechos fantásticos, presencias extraterrestres y teorías conspirativas, y el éxito internacional de novelas como "El ángel perdido", "La dama azul" o "La cena secreta" que fueron publicadas en más de cuarenta países, el escritor aragonés se dedica a develar los arcanos de uno de los museos más famoso del mundo. En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con él.

Periodista: ¿Es cierto que cuando usted era adolescente se encontró en el Museo del Prado con un hombre que le hizo comprender los secretos que guardan muchos cuadros?

Javier Sierra:
Me ocurrió en 1990. Yo acababa de llegar a Madrid para empezar mis estudios de periodismo en la universidad, ye era el típico chico de provincia que llega a un ciudad que le sobrepasa, y que busca refugio en algún lugar conocido para empezar a aclimatarse. Y el lugar que yo elegí fue el Museo del Prado, que era el foco de casi todo el turismo de la capital. Pasaba allí los fines de semana. En una de aquellas visitas me encontré con un señor de cierta edad que se ofreció a explicarme el museo. Me impactó tanto lo que aprendí que tome nota de aquello en mis diarios, y estuvo allí olvidado durante unos veinte años. Y cuando he querido construir una historia en torno al Museo del Prado y sus cuadros, me tropiezo con esas notas, y veo que ahí tengo el magma de un buen personaje literario. Si bien en mi novela son varias las jornadas con aquel hombre, en realidad fue sólo una, larga, en donde recorrimos extensamente el museo. Eso lo he convertido en algo más literario, más evanescente, más misterioso, pero el germen es real. Y erl impacto que me causó ese recorrido es el que yo describo en "El maestro del Prado". Este libro creo que es de todas mis novelas el más peculiar, porque tiene ese componente autobiográfico muy explícito, el componente de libro de arte, un aparato de notas importante que lo convierte para el que quiera en un tratado, pero está escrito en forma de novela porque se que si se quiere llegar a una gran cantidad de gente, y que no se olviden la historia tienes que contarlo en forma de cuento. Los cuentos son esas historias que nunca nos olvidamos. Y mi libro es un cuento sobre el arte. Y sobre la función original del arte, que no era precisamente estética.

P.: Y eso lo lleva a una de sus marcas de estilo, lo oculto, lo esotérico. ¿Cuáles son los mayores descubrimientos que ha hecho al investigar los cuadros del museo del Prado?

J.S.: El mayor es haberme dado cuenta de que la invención del arte, hace 40 mil años, en la cuevas prehistóricas de España y del sur de Francia, fue motivada por un anhelo de lo trascendente. Los primeros pintores no estaban pintando bisontes ni caballos, ni escenas de caza, sino el salma de todo eso. En un ejercicio de religiosidad primitivo querían dominar aquello que era incontrolable yt que sucedía fuera dela cueva. El arte como vehículo de comunicación con lo trascendente, con lo invisible, con lo sobrenatural, es lo que he encontrado en obras de 40 milenios después. Vivimos en una sociedad en la que se nos educa que el valor del arte es lo estético, su belleza, los materiales con que está hecho. Las escuela a la que perteneció el pintor, pero nada de eso es importante. Lo realmente importante es para qué fue concebido. Su por qué, más que su qué.

P.: Y es por eso que usted pone el foco en ciertos fragmentos de las obras que las hacen ver de otro modo.

J.S.: La obra más famosa de la época de los españoles en América es el retrato de Carlos V a caballo. El cuadro "Carlos V en la batalla de Mühlberg" que pinto Tiziano Vacellio en 1548. Es el retrato oficial del emperador, el que se copia y se envía a todas partes para demostrar que es el hombre más poderoso del mundo. Lo que poca gente sabe es que en ese cuadro no hay nada pintado al azar. La lanza que sostiene Carlos V en su mano simboliza una reliquia que pertenece a la familia Carolingia desde los tiempos de Carlo magno, que se cree que es la lanza de Longinos, que atravesó el costado de Cristo en la cruz. Es una reliquia de poder. De la época de Carlomagno se creía que aquel que poseyera esa lanza, y la sujetara con firmeza, tendría en sus manos el destino del mundo. Carlos V creía en el poder de esa reliquia y mandó retratarse con ella.

P.: Y luego conseguirla fue algo que desveló de Hitler.

J.S.: Napoleón la busco y Hitler la robó de un museo de Viena, donde está ahora. Me importa ese tipo de cosas, porque probablemente se fijaba en esa lanza Carlos V cuando miraba el cuadro, y no en lo que miraba el resto de los mortales, que veían un hombre poderoso a caballo, el miraba la reliquia que le confería el poder. En "La última cena" de Juan de Juanes aparece un Santo Grial en la mesa que es el Grial está en la Catedral de Valencia, que entra en España en el siglo IV, y es una piedra de ágata tallada, y que se cree que pudo haber sido el Grial de Cristo. Defiendo que los relatos del Grial no son patrimonio de la tradición inglesa o francesa sino española.Las primeras historias aparecen en el siglo IV con esa copa que aparece en el cuadro de Juan de Juanes. Recién en el siglo XII aparecerán en la tradiciones inglesas y francesas con los cuentos de Merlín.

P.: ¿Lo estimuló la lectura de Dan Brown de los cuadros de Da Vinci en su famosa novela? ¿Conoce el libro de Mujica Lainez"Un novelista en el Museo del Prado?

J.S.: Dan Brown arranca de manera cinematográfica con el asesinato del conservador en una sala del Louvre. En mi novela no se derrama una gota de sangre, no hay un robo ni un falsificador. Los elementos tópicos que aparecerían en una novela del género no están en mi libro por una decisión deliberada. En mi novela lo importante es la voz de los cuadros. Es una aventura intelectual del lector con los cuadros. No es un thriller en el sentido clásico. Lo importante es lo que nos tienen que contar los cuadros, lo que nunca han contado. Y para eso no me he acercado arte con los ojos de la gran cultura, que al final es un poco disuasoria. Mi mensaje es: no hace falta esa cultura para valorar el arte, los pintores pintaban para crear emociones en quien contemplaba su obra, no para tomar examen de Historia. Si se ba desde esa ´perspectiva se va a iniciar un diálogo con la pintura que va a terminar en la gran cultura. En cuanto a Manuel Mujica Lainez conozco su obra, pero no ese libro, que ahora trataré de conseguir.

P.: ¿Por qué en "El maestro del Prado" no aparecen ni Velázquez ni Goya?

J.S.: Dejo deliberadamente afuera a esos grandes artistas porque este libro forma parte de una estrategia. Primero he querido que el lector se enamore del arte y de cómo comunicarse con el arte, y a través de ese enamoramiento ya le conduciré en una siguiente obra a Velázquez. Que requiere de por sí otro libro, y a Goya. Si hubiera construido un libro con ellos habría sido un volumen de más de mil páginas, y habría creado en el lector el mismo efecto pernicioso que tienen muchos visitantes que van al Museo y lo ven todo, y al final terminan confundidos, con tanta información gráfica e iconográfica, empachados, que no son capaces de digerir el arte. El arte, para comprenderlo, se tiene que disfrutar cuadro a cuadro. Es una labor intimista de proximidad.

P.: ¿Por qué destaca a "El jardín de la delicias" de El Bosco?

J.S.: Quise averiguar por qué Felipe II, en septiembre de 1598, cuando estaba agonizando en su cama del Monasterio de San Lorenzo del Escorial le pidió a sus ayudas de cámara que le trajeran ese tríptico a su dormitorio. Según su confesor fue porque pensaba que el cuadro iba a servirle para conducir su alma al paraíso. Quise saber por qué Felipe II creía que ese cuadro tenía ese poder, esa capacidad, y ahí he descubierto todo un universo, que tiene que ver con el arte como vía de comunicación con el más allá. Algo que hereda de su padre. Carlos V muere delante del cuadro "La Gloria" de Tiziano, en donde le pidió que lo pintase a él no como emperador sino como el alma del emperador pidiendo permiso para entrar en el Reino de los Cielos. Carlos V pasa sus últimos tres años de vida viéndose muerto en ese cuadro, para entrenarse en el viaje celestial.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

J.S.: Estoy en un momento muy delicado. Tango que tomar una decisión de cuál va a ser mi próximo libro: si va a ser la continuación de "El maestro del Prado" o si madurar más esa continuación y dedicarme a otro proyecto que tiene que ver con la carrera espacial. En estos últimos años he entrevistado a varios astronautas de las misiones Apolo, he estudiado eso que tiene que ver con mi imaginario de la infancia. Para mi la carrera espacial es el último acto heroico que ha hecho la especie humana se ha adentrado en lo desconocido, y ha dado marcha atrás, se ha asustado de lo desconocido.

Entrevista de Máximo Soto

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