PARA CONSERVAR PODER OFRECE REPARTIRLO, PONIENDO CONDICIONES, CON SECTORES CRÍTICOS A SU CONDUCCIÓN
José Lingeri conversa en Luz y Fuerza con Oscar Lescano y Andrés Rodríguez. A la derecha, Luis Barrionuevo.
La posibilidad de que la CGT quede a cargo de un triunvirato por los próximos cuatro años comenzó a tomar forma ayer, a instancias de negociaciones reservadas entre el sector de Hugo Moyano y el de sus rivales. Cuando parecía encaminada a la ruptura, la interna de la central obrera viró a un escenario de posible unidad. La paridad de fuerzas entre los sectores y el consenso de que una CGT alineada con el Gobierno no será suficiente para obtener respuestas a las demandas pendientes forzaron el avance de las gestiones.
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La iniciativa partió del gastronómico Luis Barrionuevo. Cerca del camionero pusieron como condición para la unidad que sus rivales, como los «gordos» de los grandes gremios de servicios y los «independientes», no forzarán la intervención del Gobierno en la interna, una maniobra que había anticipado este diario.
En respuesta a las señales conciliadoras de Moyano, sus opositores suavizaron ayer un pronunciamiento que apuntaba a impugnar la convocatoria al Comité Central Confederal, el 23 de mayo, y al Congreso del 12 de julio próximo. En lugar de acudir directamente al Ministerio de Trabajo, como estaba previsto, los «gordos» y los «independientes» acordaron que la impugnación será «un escrito de carácter político» y no administrativo, al menos de momento.
En uno y otro sector hay diagnósticos compartidos: ninguno reúne el número suficiente de congresales para obtener un apoyo mayoritario para las candidaturas de Moyano o del metalúrgico Antonio Caló (hasta ahora, el único contendiente lanzado públicamente), y la consecuente fractura sólo le será útil al Ejecutivo para diferir la atención de sus principales demandas. En particular, una mayor distribución de fondos para las obras sociales y la disminución del peso del Impuesto a las Ganancias sobre los salarios.
De prosperar las negociaciones orientadas a un triunvirato, los nombres a ocuparlo serán el centro de los debates hasta julio. Cerca del camionero admiten que su líder aceptaría no ocupar una de las secretarías generales -aplica el axioma «nadie que fue Papa vuelve para ser obispo», acuñado por Carlos Menem-, pero sí pondría como condición que un hombre de su confianza quedara en ese puesto. Otro puesto debería ser designado necesariamente por los «gordos», como Armando Cavalieri (Comercio), Oscar Lescano (Luz y Fuerza) y Carlos West Ocampo (Sanidad) y el restante, por Barrionuevo.
La danza de nominaciones promete ser incesante: por el lado del camionero, el principal candidato será Juan Carlos Schmid (dragado), mientras que Barrionuevo impulsará desde su sector a Carlos Acuña (estacioneros). El eventual puesto para los «gordos» debería quedar entre Caló o un hombre propio, como Héctor Daer (delfín de West Ocampo en Sanidad). Claro que en la definición también pesará la opinión de los «independientes» Gerardo Martínez (albañiles de UOCRA), Andrés Rodríguez (estatales de UPCN) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), los más proclives a una conducción bendecida por el Gobierno.
Mientras tanto, las miradas estarán puestas en el 23 de mayo, fecha del Confederal y primer mojón formal en la cronología que desembocará en el Congreso de Ferro. Hasta entonces habrá dos semanas de negociaciones febriles que decidirán la suerte del ensayo de unidad, o bien la fractura irremontable.
Los «gordos» e «independientes» concretaron ayer la reunión que tenían prevista en Luz y Fuerza. Además del anfitrión Lescano estuvieron Cavalieri y West Ocampo; Andrés Rodríguez, Lingeri y Gerardo Martínez; los dirigentes de la UOM Naldo Brunelli y Enrique Salinas; Barrionuevo y media docena de sindicalistas que le responden, así como gremialistas de las segundas líneas de los mecánicos (SMATA), la Unión Ferroviaria y la Unión Tranviarios Automotor (UTA).
Lescano aseguró que la convocatoria superó los 40 sindicatos y que, con vistas al Congreso, los aliados contra Moyano sumarían 1.500 congresales sobre un total de 2.000. De todos modos, admitió que la idea de acotar la impugnación en principio a un «documento político» apunta a dejar abierta la chance de consensuar con el sector del camionero.
Desde la actual conducción de la CGT alegan, por su parte, contar con más de un millar de congresales. Los números de uno y otro sector son de momento incontrastables, pero dan cuenta de que una confrontación entre dos candidatos representará una sangría y una casi inevitable fractura.
También colaboró con las gestiones a favor de la unidad la dura reprimenda que dedicó el viernes Cristina de Kirchner al gremialismo en general, cuando afirmó que «sindicato viene de solidaridad, no viene de secta ni de corporaciones». La percepción de que el Gobierno endurecerá su posición con la CGT cualquiera fuese su próximo secretario general convenció a todos los sectores de la necesidad de ensayar una fórmula de unidad, como la que guió la central obrera en 2004.
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