29 de agosto 2011 - 00:00

Debuta nueva campaña radical y endurece críticas

Ricardo Alfonsín, Oscar Aguad
Ricardo Alfonsín, Oscar Aguad
La campaña del radicalismo para la elección del 23 de octubre ya comenzó. El nuevo estilo parece un mix entre la respuesta a los que reclamaban por menor tibieza en las críticas al Gobierno y los dirigentes que intentan salvar una unidad con la que ni siquiera están de acuerdo.

Miguel Bazze, primer candidato a diputado nacional y presidente del Comité Provincia de Buenos Aires, se pasó el fin de semana reclamando por los errores en el escrutinio y denunciando por eso al Gobierno: «La elección del 14 de agosto lamentablemente estuvo plagada de este tipo de irregularidades, quiera o no reconocerlo el oficialismo. Este es un Gobierno que se ha acostumbrado a mentir sistemáticamente», dijo.

Las discusiones sobre el escrutinio, la boleta única y las diferencias que aparecieron en el conteo del 14 de agosto serán de ahora en más el centro de las batallas de campaña.

Y no solo en la UCR: «El radicalismo va a participar de cualquier acuerdo serio con los otros partidos de la oposición a fin de resguardar la voluntad popular en los comicios del 23 de octubre. Las irregularidades producidas en una elección no sólo afectan a una fuerza política sino que desconocen el derecho de cada ciudadano a elegir libremente a sus representantes», dijo Bazze, recordando la reunión que tuvieron las cabezas de los bloques la semana pasada con el juez federal Manuel Blanco, con competencia electoral en la provincia de Buenos Aires, donde se quejaron por las diferencias entre los telegramas y las actas en cada urna. Tuvieron éxito: el juez salió luego a declarar que existieron errores en todos los bandos durante la primaria.

Mientras Bazze seguía esa estrategia, el cordobés Oscar Aguad intentó explicar que la unidad del radicalismo no está en juego, a pesar de las presiones de los candidatos del interior por que les dejen libertad de acción para despegarse de la boleta presidencial.

Esas presiones y la mala performance del partido tuvieron eco también en el bloque de Diputados, donde la relación entre Aguad y los alfonsinistas no es especialmente buena. A pesar de eso el cordobés alertó sobre posibles divisiones: «Son burdas operaciones que intentan debilitar a nuestro centenario partido, puesto que la UCR es la única fuerza política en condiciones de ponerle frenos al kirchnerismo. No hay que hacerse eco de estos rumores y a encolumnarse detrás de la candidatura de Alfonsín y Javier González Fraga».

El propio Alfonsín pareció ayer menos entusiasmado que de costumbre con la campaña insistiendo con un razonamiento de un realismo absoluto pero poco marketinero: «Es improbable, sino imposible...», dijo sobre las chances de ganarle las elecciones a Cristina de Kirchner.

Sobre las razones del resultado, insistió: «No he sabido desmontar un prejuicio que existe respecto de la relación de radicalismo, gobierno y economía. Es difícil decir qué fue lo que influyó. Creo que 2001 todavía está muy fresco», dijo.

Pasmados

En el mea culpa hubo elementos internos por primera vez: «Por el lado nuestro, no habremos garantizado la confianza necesaria para que la mayor proporción de ciudadanos considere que somos una alternativa superadora. Probablemente no transmitimos bien nuestras propuestas».

Pero hubo el fin de semana una afirmación que dejó pasmados a muchos dirigentes radicales: «No hay coincidencia entre lo que son prioridades para nosotros y lo que son para la mayoría de la sociedad», argumentó Alfonsín. Ese fue precisamente el núcleo de muchas de las críticas que le hicieron desde la UCR al comité de campaña del candidato presidencial antes de las elecciones. En ese momento pocos se animaron a pedir un cambio de rumbo.

Alfonsín se subió nuevamente a un razonamiento que inauguró el mendocino Ernesto Sanz: «Si tenemos en cuenta que ese partido que abusa de los DNU, que hace presupuestos truchos, que autoriza superpoderes, que se queda con el 75 por ciento de lo que recauda la Nación, que engaña con el Indec, que utiliza los organismos de inteligencia para espiar a la oposición, no es paranoico decir que hay que tener cuidado con el equilibrio de poder».

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