Quien se acerque a este documental puede sentirse tan perplejo como el adolescente que allí vemos, autor de un delito grave que luego de unos años tras las rejas es llevado a un Centro de Contención de Menores, sin rejas ni guardianes a la vista. Solo psicólogos y asistentes sociales de ambos sexos, almorzando junto a los internos, y éstos cultivando su propia huerta. Se trata de solo diez chicos debidamente seleccionados, dispuestos a “salir de la mentalidad tumbera” inculcada en lo que hoy se llaman, eufemísticamente, Centros Cerrados. También ellos emplean eufemismos para referirse a su pasado delictivo. Se autorregulan en algunas cosas, hacen terapia de grupo, aprenden un oficio y hasta dan alguna vuelta por la cercanía, sin fugarse. Claro que esto tiene sus bemoles. “El que no consigue aflojarse en nueve meses, difícilmente se modifique”, comenta Rodolfo Gómez, director del Centro de Moreno, donde se hizo este registro que data del año 2018. Hay un puñado de centros similares a lo largo del país, y es bueno saberlo. También sería bueno saber qué fue de la vida de esos muchachos, cinco años después. Al protagonista, al menos, lo vemos bien encaminado.
- ámbito
- Edición Impresa
Dejar atrás al “tumbero” con inteligencia
Director, Juan Manuel Repetto, cuyos trabajos anteriores muestran los esfuerzos de un discapacitado para integrarse a la Universidad (“Fausto también“) y el trabajo particular de un grupo de ciegos (“El panelista”, pero no de televisión sino de algo más útil).


Dejá tu comentario