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Del Río: dibujos y manualidades que destilan violencia
Los trabajos que despliega la artista rosarina Claudia del Río en su primera muestra individual en Buenos Aires están ligados al dinamismo del dibujo, pero son testimonios de la violencia que cruzó en todo este tiempo frente a sus ojos, y descubren un perfil dramático para muchos desconocido.
Las muestras de Del Río suelen ser colectivas, condición que reclama la propia naturaleza de su producción. La artista es una excelente gestora del trabajo grupal y lo demostró en Buenos Aires en varias exposiciones, como la que presentó en la galería Zavaleta LAB o en la recordada performance de la Feria arteBA 2006, donde participaban Daniel García y Adrián Villar Rojas, entre otros de sus pares rosarinos. Allí se conoció la "Pieza de dibujo" o "Sala de ensayo", una obra efímera e itinerante que sólo demanda un inmenso pizarrón cuya superficie va desde el piso hasta al techo, un buen puñado de tizas y una escalera. La propuesta permitió a los artistas Matías Duville, Rosalba Mirabella, Pablo Ziccarello, Marina De Caro, Ernesto Ballesteros y Carlos Herrera, borrar la superficie del pizarrón para volverla a usar y realizar sus dibujos efímeros.
El Club del Dibujo crece desde entonces y si la disciplina disfruta de una jerarquía que en nuestro país (tierra de buenos pintores) nunca tuvo, se debe en gran medida a la labor de la rosarina. En estos días y en el marco de la muestra "Cooperativa gráfica" de la historiadora Silvia Dolinko, artistas como Delia Cancela, Carlos Herrera, Sofía Bohtlingk, Santiago Villanueva, Sofía Dourron, Guillermina Mongan y Gustavo Nielsen, además de algunos invitados, intervinieron el pizarrón montado en la Casa de la Cultura del Fondo de las Artes.
Tan expansiva en sus palabras como en sus dibujos y manualidades, Del Río cuenta que en 1998 empezó a recortar las noticias policiales de un diario de Rosario. Un año antes había iniciado su carrera internacional, cuando fue elegida para representar a nuestro país en la Bienal de La Habana. En ese entonces, observa, "pensaba en tipologías, en las categorías de los clásicos policiales. Hubo un caso de un motín que mantuvo a una jueza en un penal durante horas, que lo seguí también por la TV". Según relata, ése fue el detonante que la llevó a buscar una tela y el hilo "perlé para comenzar a bordar. Desde entonces, agrega, "simplemente, bordaba cada día una noticia, porque me parecía poética o porque pertenecía al paradigma de la violencia o del poder. Había visto un ciclo sobre el cine de Herzog, y estaba leyendo sus notas cuando encontré que él dice algo así como que si se pone una lupa para amplificar cualquier detalle de la vida de las personas, la visión aumentada revela siempre una disputa de poder de diferentes magnitudes", aclara Del Río, luego de considerar que vive en la Chicago argentina.
En la pequeña sala de la galería, sobre una mesa de trabajo y junto a las carpetitas prolijamente bordadas, hay una revista con personajes de lo más banales, un peluquero, un deportista y otros que no delatan nada especial, pero cada página está cruzada por frases manuscritas que responden a la misma consigna: retratan la violencia. "Intervine las revistas en el año 2004, durante una residencia en Donostia de San Sebastián, ciudad cercana a Bilbao que por ese entonces tenía un índice cero de violencia social. En esos meses leía el diario en mi computadora y bajaba las noticias. Las reescribí todas a mano y las pegué para interrumpir esas estúpidas revistas gratuitas".
Si bien las obras registran y tipifican toda clase de crímenes y delitos con cierta objetividad, es posible advertir en la muestra que las agresiones que padece la mujer desde la infancia, movilizan más que otros la sensibilidad de la rosarina. En el fondo de la sala hay unos dibujos al lápiz. Las líneas enruladas se asemejan al tejido de las cotas de malla, la protección metálica y flexible que utilizaban los guerreros celtas, romanos o los templarios medievales. La trama cubre una cabeza femenina que, envuelta en esa cubierta defensiva, observa los horrores de este mundo.
Del Río muestra la necesidad común a muchos artistas de representar, de traducir en imágenes la realidad, para enfrentarla y mirarla desde otro lugar. Acaso la extensión interminable de las series de dibujos que documentan la violencia, se deba a la necesidad de reiterar una y otra vez, durante años, las imágenes de lo incomprensible con el afán de entenderlo. La artista apela, como señala el teórico Georges Didi-Huberman, a "la forma visual del saber y la forma sabia del ver".
Las noticias, las palabras, ya sea las que están impresas en un diario o las que transformadas en obra aparecen bordadas con pulcritud, son las mismas. Sin embargo, al trasladar los mensajes e imágenes de situaciones aberrantes o conflictivas al territorio sensible, el trabajo de Del Río cobra sentido: obliga a interpretar y leer las cuestiones más dolorosas de la realidad desde otro punto de vista. Sus obras tienen la condición de documentos que abren las vías del saber y también las de la percepción sensible.


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