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Demirjián: la condición humana entre la angustia y el sarcasmo
La muestra de Jorge Demirjián en Palais de Glace incluye pinturas realizadas entre 2006 y 2009 y una retrospectiva de dibujos, varios de ellos nunca expuestos, desde 1963 hasta hoy.
La trayectoria de Demirjián (Buenos Aires, 1932) se destaca en el contexto del arte argentino desde mediados del siglo XX. Fue alumno de Emilio Pettoruti y Horacio Butler, y en 1960 obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes, con la que se trasladó a Europa.
«Demirjián trata el fondo de sus telas con pinceladas sueltas y cruzadas con las que logra una superficie espacial donde se destacan sus figuras vehementes, lanzadas, con elementos insólitos...», había señalado el excelente teórico y crítico Aldo Pellegrini.
Durante su estadía en París (1963-66), recibió la influencia del lenguaje singular y las distorsiones de la figura humana del gran artista irlandés Francis Bacon (1902-1992), a quien conoció personalmente. Su figuración crítica se vincula con las imágenes distorsionadas y fragmentadas en la obra de Bacon y sus seres precarios cuya angustia y debilidad se manifiestan en los rostros que se borran o diluyen sus contornos. Como Bacon, Demirjián persistió en la pintura figurativa y la preocupación por la condición humana.
En la Argentina, en 1961, tres meses antes de la exhibición «Arte destructivo», Rómulo Macció, Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega, Ernesto Deira, Carolina Muchnik y el fotógrafo Sameer Makarius se presentaron en la Galería Peuser, con una muestra titulada «Otra figuración».
La nueva figuración (expresión acuñada por el crítico italiano Aldo Perilli, en 1957, que el francés Michel Ragon abreviará en neofiguración, en 1961) había despuntado, después de 1945, en las creaciones de Dubuffet, el Grupo CoBrA y Bacon.
Avanzando por el camino de los informalistas, la neofiguración de los años 60 derribó los últimos prejuicios acerca de la belle peinture, el cuidado de los detalles, la unidad de la obra, la alienación creadora, con telas violentas y espontáneas pero de notable factura, ensimismadas de angustia por la fragilidad humana y teñidas, al mismo tiempo, de humor y sarcasmo.
La neofiguración fue un foco de vertientes: Demirjián fue una de ellas. Desarticuló la imagen humana hasta separar sus miembros y volvió a reunir fragmentos dispersos, en telas y dibujos sobre atletas, deportistas y situaciones urbanas.
Las dos muestras de Demirjián en la galería Bonino de la calle Maipú, (1968-70), coincidieron con el período Pop. Aunque no representó esta corriente, incorporó a su lenguaje muchos elementos de esa retórica.
Durante su permanencia en Londres, con una beca del gobierno inglés para un postgrado en la Slade School of Fine Arts, realizó una importante obra gráfica (1970-72). A su regreso, inició la serie de los Deportistas, que continuó durante su exilio en París (1976-1980).
Las figuras y personajes de los años 80 y 90 singularizan una enunciación grotesca, a través de su sensibilidad dramática; pero su imaginería acerca del hombre y su sociedad emerge de una vigorosa poética de fondo, originada en el ritmo de sus pinceladas y la silenciosa riqueza del color. Nos interesa destacar otra vertiente en las imágenes del artista. Hijo de armenios, Demirjián reconoce su deuda con los íconos y las máscaras vinculadas con esa tradición cultural.
Propias de esa iconografía oriental son el antinaturalismo, la perspectiva invertida, la manifestación expresionista de los rostros humanos y la esquematización. Características que están presentes en las representaciones de Demirjián.
Sus personajes aluden a las contradicciones, tensiones y la soledad en el contexto urbano. En algunas telas presenta imágenes fragmentadas de perros, como en «El fotógrafo», 2004 y «Benyi», 2004. Este último, es uno de los personajes de «El sonido y la furia», la excepcional novela de William Faulkner, quien a su vez tomó ese título de un monólogo de Macbeth («El cuento de un idiota, lleno de sonido y furia, sin significado»). Otros personajes de Demirjián recuerdan a los del denso relato faulkneriano, seres autistas, que no se comunican; llorosos, con el espanto de la boca abierta.
Desde las imágenes imprecisas, casi ambiguas de sus obras de los 60 -como «De carne somos», de 1965-, hasta obras de los últimos años como «Antagonía rosa», 2004, o «Situación 10», 2006, entre otras, el eje ha sido siempre la figura humana, en seres estereotipados que parodian sentimientos, frustraciones y expectativas.
«Sus personajes son seres comunes, tipos o prototipos, que no llegan a ser retratos pero que están suficientemente caracterizados dentro de su estatus y rol social. Son mozos de café, oficinistas, albañiles, pequeños vendedores ambulantes, magos o soldados. No reciben un tratamiento formal diferente a los objetos o al espacio que los rodea. Demirjián quiere recordarnos que tanto las cosas como el espacio que habitan los hombres son la verdadera estructura de la condición humana», escribió Adriana Laurenzi, en el prólogo a la muestra en el Palais de Glace.
Demirjián expuso en Museos de todo el mundo como the Bronx Arts Museum of Nueva York, el de Arte Moderno de Colombia, el Metropolitano de Tokio,etcétera. Representó a la Argentina en la 36 Bienal de Venecia. En el ámbito local, su trayectoria ha sido reconocida en las importantes muestras que se realizaron en los últimos años en el Museo Castagnino de Rosario, el Centro Cultural Recoleta y el Museo de Bellas Artes.


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