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Demócratas, contra la reforma de salud
Ya hacía tiempo que los activistas de izquierda andaban molestos con la actitud de la Casa Blanca en el proceso de reforma del sistema de salud. Sobre todo, los indignó que no saliera en defensa firme de la llamada «opción pública», cuando en el verano boreal la derecha empezó una campaña contra ella. Las concesiones que logró el senador independiente Joe Lieberman han sido la gota que colmó el vaso, y Howard Dean, el antiguo presidente del partido, se ha erigido en el portavoz del descontento progresista.
En un artículo de opinión publicado ayer en The Washington Post, Dean pone incluso en duda que sea positivo aprobar la reforma si no incluye una expansión de la salud pública. «Cualquier medida que amplía el monopolio de las aseguradoras sobre la sanidad y que transfiere millones de dólares de los contribuyentes a corporaciones privadas no es una reforma real», escribe Dean, que llega a afirmar que la propuesta que ahora parece más probable que pase «hará más mal que bien para el futuro de EE.UU.».
El popular periodista progresista Keith Olbermann, de la cadena MSNBC, realizó comentarios parecidos, pidiendo un voto contra la reforma, y acusando a la Casa Blanca de estar sólo interesada en poder aprobar una ley a la que poder llamar «reforma sanitaria» independientemente de que su contenido realmente sirva para mejorar la vida de los norteamericanos.
Estas expresiones de descontento han encontrado una traslación política en el Senado a través de Bernie Sanders, senador independiente por Vermont, a quien le gustaría hacer valer su peso para poder moldear la reforma como ha hecho Joe Lieberman. «Tengo problemas con la ley tal como está redactada ahora. Estoy indeciso. Me gustaría apoyarla, pero aún no estoy ahí», declaró Sanders, que espera arrancar alguna concesión de la Casa Blanca, y de Harry Reid.
La Casa Blanca reaccionó de forma rápida ante esta ofensiva de la izquierda. El máximo asesor político de Obama, David Axelrod, calificó de «locura» que la izquierda pretenda «matar» la reforma. En el programa Morning Joe, de la cadena MSNBC, Axelrod aseguró que el artículo de Dean se asienta en supuestos erróneos, y que si el ala progresista del partido torpedea la reforma será «trágico».
Consciente del peligro que representa el ataque de Dean, incluso Nancy Pelosi, considerada dentro del ala progresista de la Cámara de Representantes, ha salido en defensa de la actitud de la Casa Blanca. «Sea lo que sea que acabemos teniendo, será muy bueno», declaró la presidenta de la Cámara.
La rebelión de la izquierda complica aún más las aspiraciones de la Casa Blanca y del liderazgo demócrata en el Senado de aprobar la ley antes de Navidad. El calendario aprieta, y si todos los trámites por realizar se cumplen a tiempo, la votación podría llevarse a cabo el 24 a las siete de la tarde.
Más allá de las presiones progresistas, el gran obstáculo será la estrategia obstruccionista de los republicanos, que han anunciado que van a utilizar todos los procedimientos para posponer la votación.


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