Demorar fecha del PJ, táctica para luego premiar y castigar

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El vozarrón primero fue de José Luis Gioja. Lo siguió, al instante, Luis Beder Herrera. Al final, unos de pie, otros despatarrados en las sillas, varios con cara de sorpresa por el arranque pasional, se plegaron al metódico coreo de "La Marcha Peronista".

Hasta Carlos "Chino" Zannini, el asistente inesperado, pareció balbucear pedazos de una estrofa del himno de los descendientes políticos de Juan Domingo Perón. Su presencia, en la mesa mayor del PJ, fue la marca de agua para constatar el involucramiento -aun como mera formalidad- de Cristina de Kirchner.

Veloz, con eficacia de expertos, la cúpula del peronismo nacional resolvió por unanimidad y en minutos la postergación de la elección de autoridades partidarias que en mayo pasado había fijado para el 31 de marzo, sabedores de que no lo cumplirían.

Ayer, tal como este diario contó el miércoles pasado, la votación se convocó para el 15 de diciembre próximo. El turno englobará, además, a como mínimo las autoridades del PJ bonaerense, el porteño y el de Santa Cruz. Algo así como una "megainterna" peronista.

Hoy, de hecho, la mesa del PJ capitalino, que preside Juan Manuel Olmos, se reunirá para fijar la misma fecha, según avisaron Víctor Santa María y Juan Carlos Dante "Canca" Gullo. Los santacruceños, en medio de la tensión entre Daniel Peralta y Cristina, harán lo mismo.

El Consejo bonaerense no tiene apuro, porque a fin del año pasado el Congreso partidario aprobó una resolución que delegó en su Junta Electoral la modificación del calendario en caso de que el PJ nacional decida, como ocurrió ayer, postergar la elección.

Podrían agregarse otras provincias porque la resolución del partido "invita" a que los PJ provinciales unifiquen la fecha de internas. Ese movimiento, atado a la prórroga hasta después de la legislativa, nutre la táctica K de aplicar un mecanismo de premios y castigos.

Según el resultado y el esfuerzo que cada cacique aporte al "proyecto nacional" en las elecciones de octubre, Cristina intentará repartir dones y tachas a la hora de dibujar la futura conducción del partido.

Daniel Scioli fue, como presidente en funciones, el encargado de abrir la sesión flanqueado por el vice Jorge Capitanich y la vice segunda, la tucumana Betraiz Rojkés de Alperovich. La cabecera la completaron Zannini, el apoderado Jorge Landau y el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina. En las butacas -hubo más de 50 consejeros- se repartieron, además de Gioja y Beder Herrera, la catamarqueña Lucía Corpacci y su vice, Dalmacio Mera; el salteño Juan Manuel Urtubey y el operador multitarget Juan Carlos "Chueco" Mazzón.

Varios gobernadores llegaron tarde porque pasaron a ver al titular del AFIP, Ricardo Etchegaray. Entre el despacho del recaudador y la sede del PJ en Matheu 130 se extravió el jujeño Eduardo Fellner, que no llegó a la cumbre.

Otro mandatario, el entrerriano Sergio Urribarri, prefirió acompañar a Gabriel Mariotto en el encuentro de Unidos y Organizados en Luis Guillón. La simultaneidad horaria entre la reunión del consejo y ese plenario ultra-K operó, secretamente, como un testeo de preferencias.

Abal Medina, anunciado por el mariottismo, optó por Matheu al igual que José Ottavis, quien, junto con Juan Cabandié y Mariana Grass -el trío gestó, cinco años atrás, lo que luego fue La Cámpora-, representó a la rama juvenil.

Miguel Ángel Pichetto, el entrerriano Pedro "Pemo" Guastavino y el misionero Juan Irrazábal se perdieron el comienzo demorados en la preparatoria del Senado. Los diputados fueron puntuales: ficharon, entre otros, Carlos Kunkel, José María Díaz Bancalari y Graciela Giannettasio.

"Me vine con la rubia", saludó Scioli a la entrada, señalando a Cristina Álvarez Rodríguez, a cargo del PJ bonaerense. Más atrás, apareció Eduardo Camaño, el secretario general de la gobernación. Hugo Curto y Mario Ishii le aportaron la cuota de conurbano rabioso.

Como siameses múltiples, Omar Viviani, Antonio Caló y José Luis Lingeri, la cofradía sindical, llegaron y se retiraron en bloque como socios que se aprecian, pero, por las dudas, se vigilan. Ya dictaminó Perón sobre la bondad y la vigilancia.

Todos levantaron la mano para aprobar la fecha del 15 de diciembre, disponer la intervención del PJ santiagueño y aplaudir, al final, el documento de respaldo al Gobierno de Cristina que escribió y leyó Capitanich, redactor oficial de textos partidarios.

Después, la marcha. Luego, cenas varias.

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