29 de junio 2009 - 00:00

Denuncias de fraude y otras picardías

Oscar Aguad
Oscar Aguad
Las denuncias de fraude por parte de las oposición ocuparon buena parte de los comicios de ayer. Como se esperaba, según las acusaciones que gran parte de los dirigentes habían hecho durante la campaña. El robo y la destrucción de boletas, así como la presencia de listas apócrifas se concentraron en la provincia de Buenos Aires, territorio clave en la pelea voto a voto de Néstor Kirchner y Francisco de Narváez, donde el caudillaje político y las «picardías» electorales son ya una tradición en cada elección.

El candidato bonaerense a diputado nacional por Unión-PRO, Jorge Macri, fue uno de los más madrugadores a la hora de las denuncias. Al mediodía ya había asegurado que estaban detectando «mucho robo y destrucción de boletas e intento de colocar boletas truchas» y puntualizó que había registrado estas irregularidades en 20 escuelas de San Isidro, 10 de Avellaneda y Lanús y 4 de Tigre. «En Tigre se dio una situación muy particular: para ocultar los ventanales de un aula para hacerla cuarto oscuro colocaron afiches de Sergio Massa», disparó uno de los principales referente del PRO bonaerense. Agregó, además que en la escuela 52 de Merlo «la Policía intentó retirar a los fiscales del PRO, aduciendo que no tenían domicilio en ese partido, lo cual no se puede hacer porque lo que se exige es que lo tengan en provincia».

A estas imputaciones se sumaron en la provincia las denuncias del Acuerdo Cívico y Social, y de agrupaciones independientes como Acción Vecinal San Isidro es Distinto (que lleva a Juana Posse, tía del intendente Gustavo Posse, como cabeza de lista), que también informaron sobre el robo sistemático de boletas y la falsificación de listas.

También hubo fuertes denuncias cruzadas en Córdoba: el candidato a diputado Oscar Aguad acusó al oficialismo por «duplicación de votos» y el postulante del Frente para la Victoria , Carlos De Falco, aseguró que había «adulteración de las listas», porque el número asignado estaba cambiado en algunas boletas. Luis Juez, del Frente Cívico, no se quedó atrás y destacó que «todavía existen prácticas detestables», pero bajó el tono en comparación con los comicios anteriores, en los que perdió contra Juan Schiaretti. Además, se denunciaron robos de boletas y operaciones fraudulentas en provincias como Mendoza y Formosa. Por otro lado, en Jujuy hubo cuestionamientos sobre la empresa encargada de realizar el escrutinio provisorio (Simecom).

Todas estas denuncias deberán ser resueltas por la Justicia Electoral en las próximas semanas. En el caso de la sustracción de boletas, los integrantes de la Cámara Nacional Electoral destacaron la semana pasada que, al ser un delito muy difícil de probar, las autoridades de mesa debían asentar en las actas cada denuncia específica e intentar ser lo más precisos posibles, para poder indagar en los casos puntuales. De lo contrario, deben ser desestimadas.

La situación es distinta para las imputaciones por boletas truchas. La Justicia electoral ya ha aceptado en el pasado esos votos, ya que en general priorizó la «voluntad de votar» del elector por determinado partido, más allá de que la boleta no fuese la oficializada.

Otras de las acusaciones más populares de estos días fue la del quiebre de la veda electoral. El vicepresidente y referente mendocino opositor, Julio Cobos, fue denunciado ayer por el Partido Justicialista de la provincia por deslizar ante la prensa que, si ganaba en Mendoza, se postulará como presidente en 2011.

También fue acusada de quebrar la veda electoral la vicegobernadora de Catamarca y candidata a diputada por el Frente para la Victoria, Lucía Corpacci, quien aseguró que eran «chicanas» de la oposición. La postulante oficialista negó, además, que se estuvieran repartiendo bolsones y cuchetas a cambio de votos y contraatacó afirmando que «alguien está entregando volantes para confundir a la gente y perjudicarnos». El jefe de Gabinete y candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires, Sergio Massa, también cayó en la misma categoría: fue denunciado el sábado pasado por Unión-PRO, al aparecer en un diario distribuido gratuitamente ese día en Tigre, inaugurando obras en ese distrito.

La situación no era tan grave en la Ciudad de Buenos Aires, por lo menos durante el día de votación. Ningún partido se acercó a presentar denuncias electorales al juzgado de María Servini de Cubría, que ayer explotaba de gente. La mayoría eran personas que estaban haciendo trámites, como pedir un certificado de larga distancia, aunque también hubo casos como el de una mujer que decía no saber cómo hacer entender a las autoridades electorales que su hermano estaba muerto hace años y, sin embargo, sigue votando.

Más allá de estos casos puntuales, el clima en la Secretaría Electoral de la Ciudad era bastante tranquilo. Los problemas estuvieron afuera, en ciertos barrios. Los conflictos entre los delegados judiciales y los fiscales en Villa Lugano y Villa Soldati escalaron ayer a la mañana hasta tal punto, que las mesas en esas zonas no se pudieron abrir hasta que llegó la propia junta electoral a ordenar la situación. Los integrantes de la junta, María Servini de Cubría, Carlos Manuel Grecco y Elisa Díaz de Vivar, estuvieron toda la mañana en esos barrios dialogando con los fiscales, que presionaban a las autoridades de mesa, y rechazando personas que pretendían hacerse cargo de la presidencia sin ningún tipo de comprobante.

Hubo también llamados a las radios para denunciar situaciones que habían presenciado, como la suspensión de una mesa de votación porque las autoridades decían estar «extenuadas», problemas con los DNI (el número mal anotado en el padrón o la confusión entre duplicado y triplicado), o presidentes de mesa con arrebatos de omnipotencia que llevaban la urna a todos lados, hasta el cuarto oscuro o el baño.

En este sentido, fue notable en algunas zonas bonaerenses y de Capital la presencia de voluntarios, tanto los que se habían anotado en las listas de la Justicia Electoral, como de diferentes ONG que se organizaron para monitorear las elecciones. Un poco de compromiso ciudadano entre tanta tradición matrera y de picardía criolla.

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