22 de agosto 2011 - 00:00

Desafío de la OTAN hoy es crear un Gobierno del caos

Muamar el Gadafi deja una Libia sumida en el caos político y económico.
Muamar el Gadafi deja una Libia sumida en el caos político y económico.
Nalut, Libia - El rebelde libio Husam Najair parecía más preocupado por la posibilidad de que las milicias insurrectas pasen a combatir entre ellas mientras toman el control de Trípoli, que por la amenaza que representa la capacidad de resistencia de las fuerzas de Muamar el Gadafi.

«Lo primero que va a hacer mi brigada es establecer puestos de control para desarmar a todos, incluyendo a los rebeldes, porque de lo contrario será un baño de sangre», dijo Najair. «Todos los grupos rebeldes que quieren controlar Trípoli. El orden será necesario», agregó.

Sus prevenciones apuntaron a la gran pregunta que deberá ser respondida ahora: ¿existe una figura unificadora que pueda liderar Libia si los rebeldes se hacen cargo del Gobierno?

Por ahora, la respuesta contundente parece ser «no».

«No hay un líder rebelde respetado por todos. Ése es el problema», opinó Kamran Bokhari, directora para Medio Oriente de Stratfor, una firma especializada en Inteligencia.

Gadafi dirigió la producción de petróleo en el norte de África como un tema personal y religioso, sin instituciones del Estado que podrían hacer más fácil la transición a los rebeldes, que tienen mucha fuerza espiritual pero carecen de una adecuada cadena de mandos.

Los anti-Gadafi están abrumados por las facciones y las divisiones étnicas y tribales. El líder más importante de los rebeldes es Mustafá Abdeljalil, presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT), un grupo dispar de opositores con sede en la ciudad de Bengasi (este).

El CNT se compone de exministros y opositores de larga data que representan una amplia variedad de posturas: nacionalistas árabes, islamistas, laicos, socialistas y empresarios.

Exministro de Justicia y voz moderada del CNT, Abdeljalil fue descripto como «tecnócrata imparcial» en un cable diplomático de EE.UU. publicado por WikiLeaks. Afable constructor de consensos, 50 años largos, fue elogiado por Human Rights Watch por su trabajo sobre la reforma del código penal libio.

Abdeljalil renunció como ministro de Justicia en febrero, cuando se reprimió violentamente a manifestantes. Pero al igual que otros exmiembros del círculo íntimo de Gadafi, que siempre serán puestos bajo sospecha por rebeldes que demandan rostros completamente nuevos, sin vínculos con el pasado régimen.

El primer ministro del «Gobierno en la sombras», Mahmud Jibril, exalto funcionario del régimen, cuenta con una amplia red de contactos en el exterior y fue designado enviado itinerante de los rebeldes.

Pero sus viajes frustraron a algunos jefes rebeldes y a aliados extranjeros, de modo que su experiencia puede haber sido en vano si no forma parte del nuevo Gobierno.

Otro rebelde destacado que puede desempeñar un papel de liderazgo es Alí Tarhouni. Académico en EE.UU. y figura de la oposición en el exilio, regresó a Libia a hacerse cargo de los asuntos económicos, financieros y petroleros para los rebeldes.

Las tensiones entre los rivales de Gadafi de toda la vida y sus partidarios que desertaron recientemente pueden socavar los esfuerzos para elegir un liderazgo.

Posible error

Si la línea dura prevalece, Libia podría cometer el mismo error que los analistas dicen que tuvo lugar en Irak tras la invasión de EE.UU., en 2003, que derrocó a Sadam Husein.

Sus partidarios del partido Baas y oficiales del Ejército fueron purgados en masa, creando un vacío de poder que llevó a la inestabilidad por años. Desde grupos laicos a Al Qaeda, lanzaron una violenta campaña contra el nuevo Gobierno de Irak respaldado por Estados Unidos.

«No se puede establecer un patrón de que alguien que trabajaba para Gadafi no pueda hacerlo con nosotros. No es práctico en absoluto», dijo Ashour Shamis, un activista libio que vive en el Reino Unido. Este enfoque podría socavar la convocatoria para la tarea más importante, como tal vez sea la revitalización de la industria petrolera, y ése podría ser el caso del exalto funcionario Ghanem Shokri.

Desertor formado en Occidente, Shokri cuenta con décadas de experiencia en el sector de petróleo y es un ex primer ministro al que se le atribuye la liberalización de la economía libia y la aceleración de la apertura a la inversión global.

Los combatientes mostraron una disciplina mucho mayor a su paso por ciudades y aldeas en la llanura que en las montañas occidentales, incluso a su llegada a la localidad de Zauiya, a unos 30 minutos en auto desde Trípoli.

Los rebeldes fueron desgarrados por las divisiones y el sectarismo, mientras las aldeas bereberes y árabes los observaban con desdén.

Najair, un libio-irlandés que dejó atrás su vida como empresario de la construcción para tomar las armas contra Gadafi, siempre insistió en que su brigada era la más adecuada para tomar Trípoli porque sus miembros eran todos de la capital. «Nosotros somos los más organizados. Sin embargo, no tenemos la más mínima ayuda de los otros grupos rebeldes», se quejó.

A medida que los rebeldes toman Trípoli, las divisiones afloran con más facilidad.

Un indicio de lo que podría pasar es la muerte todavía confusa, el 28 de julio pasado, del comandante de los rebeldes militares, Abdel Fatah Yunes, exalto funcionario de seguridad de Gadafi, después de que fuera arrestado por su propio bando para ser interrogado. El asesinato generó temores de que el CNT es demasiado débil y está dividido como para detener el derramamiento de sangre mientras facciones rivales, incluidos los islamistas, acceden al poder.

Barbas

Un creciente número de combatientes en las montañas del oeste, por ejemplo, se deja crecer largas y espesas barbas, marca de los islamistas que están predispuestos a rechazar vínculos estrechos con Occidente en una nueva Libia, mientras que otros claman por la inversión extranjera.

También pueden argumentar que se deben dar las posiciones más importantes en el Gobierno a los rebeldes de las montañas del oeste y la ciudad de Misrata, dado que llevaron a cabo la mayor parte de los combates mientras que los de Bengasi se ocuparon de temas administrativos.

En el desierto, los rebeldes de Bengasi fueron retratados como oustsiders que llegaron tarde a la entrega de armas y otros suministros.

Agencia Reuters

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