- ámbito
- Edición Impresa
Desfilaron políticos por UIA con promesas para 2011
El jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, debatió sobre propuestas de industrialización en la XVI Conferencia organizada por la UIA en Costa Salguero. Lo acompañó Héctor Méndez, presidente de la entidad.
Antes y después de él hablaron Fernando Pino Solanas (Proyecto Sur), Mauricio Macri (PRO), Juan Carlos Romero (Peronismo Federal) y Rubén Giustiniani (Partido Socialista). Cerró la jornada el gobernador bonaerense Daniel Scioli, y faltaron sin aviso Elisa Carrió (nunca respondió siquiera a la invitación de la UIA) y Adolfo Rodríguez Saá (Peronismo Federal), que delegó la representación de su fuerza en el ex gobernador de Salta.
De algún modo la sucesión de discursos fue anticlimática: los políticos no sólo no polemizaron sino que ni siquiera compartieron el estrado. Así, cada uno de ellos subía al micrófono recién cuando su predecesor en el discurso descendía del podio.
La idea era que cada uno expusiera los planes de sus respectivos partidos en materia de política industrial en caso de que ocupen el año próximo la presidencia. En esto Scioli corrió con claras desventajas, ya que -a diferencia de los demás- no pudo prometer nada y debió limitarse a exponer los logros de su Gobierno. Solanas hizo una larga parrafada sobre el general Mosconi, el ejército de Los Andes (según él, primer proyecto industrial del país), YPF, Gas del Estado, los ferrocarriles y, en general, una acendrada defensa del rol del Estado como factor fundamental de la economía.
Romero dijo que los partidos durante los últimos ocho años habían sufrido «un golpe, un daño enorme por actitudes que nos dividieron», e hizo referencia a la «transversalidad, las candidaturas testimoniales y la falta de democracia interna». Giustiniani, a su turno se refirió a la coyuntura: «La democracia moderna es pacífica, es diálogo; lo mejor sería que el Presupuesto nacional se trate no a todo o nada, o se vota completo o la oposición lo bloquea por completo. Esto conspira contra la previsibilidad y lo institucional».
Macri dijo estar «disponible» (lo repitió varias veces) a discutir «un pacto industrial para el país» para exportar bienes de alto valor agregado y no sólo primarios. «En 50 años deben haber 50 multinacionales argentinas que conquisten el mundo con sus productos». Añadió que el país debe fijarse «una agenda para el desarrollo y sacarla de la competencia electoral». También se mostró contrario a que «seamos competitivos con salarios de China o India; la industria puede generar buenos empleos con altos salarios».
En tanto, Scioli prometió llevar internet «a todas las escuelas técnicas», habló de «un tríptico virtuoso» formado por las universidades, las empresas y el Gobierno para crecer, recordó que la Argentina es «ya una potencia productora de alimentos para nosotros y para el mundo», y prometió que la acción del Gobierno permitirá «que los empresarios incorporen más máquinas. También haremos planes habitacionales aprovechando la amplia disponibilidad de tierras» y elogió los esfuerzos conjuntos con la UIA de la provincia que permitieron «la creación de muchos parques industriales».
Sanz -tras admitir que «en estos ocho años se hicieron muchas cosas bien; yo no soy de los que se paran en la vereda de enfrente con los puños llenos de piedras»- dijo que «si queremos que la Argentina sea gobernada por dirigentes más racionales, tendremos un Estado menos discrecional. Muchas veces declamamos una cosa pero votamos otra». El radical prometió una amplia reforma fiscal, eliminando gradualmente el impuesto al cheque y el IVA (Solanas había dicho algo muy parecido) y pidió «definir el rol de cada una de las instituciones de la República: que no haga falta decidir cada vez si se puede usar un DNU o sancionar una ley en el Congreso; que la Justicia sea independiente y no tenga temores, que el Banco Nación le preste a los emprendedores y no al Estado».
Romero reclamó la «democratización sindical y del régimen de obras sociales; no puede ser que haya dirigentes que se eternicen en sus cargos, y habló elípticamente de «un tipo de cambio sincero, que permita exportaciones no tradicionales de alto valor agregado y que favorezca el mercado interno».
Sergio Dattilo

Dejá tu comentario