14 de octubre 2011 - 00:00

Deslumbrantes proezas circenses orientales

En cada uno de los cuadros que ofrece la Compañía Shenyang Acrobatic Troupe, el nivel de riesgo y complejidad técnica va aumentando provocando todo el tiempo sorpresa y admiración.
En cada uno de los cuadros que ofrece la Compañía Shenyang Acrobatic Troupe, el nivel de riesgo y complejidad técnica va aumentando provocando todo el tiempo sorpresa y admiración.
«Sky Mirage II» por la Compañía Shenyang Acrobatic Troupe. (Teatro Opera).

Aunque el circo más famoso de las últimas décadas tenga nombre francés, buena parte de las proezas que asombran al público de hoy provienen de la cultura china, con sus más de doscientas especialidades circenses. Según los registros históricos dichas acrobacias fueron sistematizadas entre los años 221-230 A.C., pero se supone que su origen es aún más remoto, de acuerdo a las pinturas y tallas que se descubrieron en antiguas tumbas y grutas de la provincia de Szechuan.

La Shenyang Acrobatic Troup fue creada en 1951 y figura entre las compañías más premiadas de China. Tras su paso por varias ciudades de Brasil, esta notable trup integrada por artistas muy jóvenes (la mitad de ellos son adolescentes) seguirá en el Teatro Opera hasta el 14 de octubre y retomará sus funciones del 19 al 21 de octubre.

«Sky Mirage II» ofrece una atrayente selección de acrobacias, contorsionismo, equilibrio, malabares, rutinas con objetos giratorios (notable el número con discóbolos que brillan en la oscuridad), pirámides humanas, etcétera. En cada uno de estos cuadros el nivel de riesgo y de complejidad técnica va aumentando desde la primera hasta la última prueba.

Se ha dicho que los circos europeos y norteamericanos siempre están a la pesca de técnicas novedosas y de un lenguaje visual cada vez más sofisticado. Mientras que sus colegas chinos siguen fieles a un repertorio de destrezas aparentemente más limitado, pero que en su búsqueda de la perfección absoluta resulta insuperable.

Desde el punto de vista occidental, la mentalidad china es pura obstinación y disciplina, algo que aquí se pone de manifiesto en el excepcional desempeño de sus acróbatas, siempre dispuestos a traspasar los límites humanos.

Pese a estos méritos, el circo chino está cada vez más influido por el modelo occidental cuyo máximo exponente sigue siendo el «Cirque du soleil». Quizás se trate de una estrategia para no perder competitividad a nivel mundial, pero lo cierto es que tanto el vestuario como la escenografía, la música y algunos criterios de puesta de «Sky Mirage II» son una pálida imitación del lenguaje estético que impuso en el mundo la famosa compañía canadiense.

El planteo visual resulta desprolijo, rudimentario y hasta involuntariamente bizarro. Eso mismo hace que el show despierte cierta ternura. Apenas uno abre la boca para criticar el diseño de alguna prenda o la deslucida proyección de un ave fénix buscando el sol, entre tormentas y flores, ya no puede volver a cerrarla. La naturalidad con que un niño de 11 años da varios saltos mortales, los deliciosos números de equilibrio con vasijas, las rutinas con sogas, los saltos a través de aros apilados. Todo es sorpresa y admiración.

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