8 de junio 2009 - 00:00

Despojada versión de “La flauta mágica”

La versión de la ópera de Mozart que se estrenó en el Teatro Avenida tiene una bella y despojada puesta de Eduardo Casullo, y buenos cantantes.
La versión de la ópera de Mozart que se estrenó en el Teatro Avenida tiene una bella y despojada puesta de Eduardo Casullo, y buenos cantantes.
«La flauta mágica». Opera en dos actos. Mús.: W.A. Mozart. Lib.: E. Schikaneder. Dir.:R. Zemba. Régie: E. Casullo. Vest.: M. Daga. Dir. Coro: E. Fautario. (Teatro Avenida. Repite: 11, 13 y 14/6).

Lo que más importa en «La flauta mágica» de Mozart -una ópera que a esta altura sería ocioso reiterar que ha sido vista como un manifiesto masón o como una meditación sobre los mecanismos del poder o bien como un cuento casi infantil- es la belleza de las más perfectas partituras de Mozart.

En esta oportunidad, la producción escénica de Eduardo Casullo hace hincapié en esa maravillosa locura que propone todo el argumento y propuso una mirada respetuosa y nada manipuladora de la historia. Una escenografía multimedia y un diseño de vestuario colorido y original acompañan su propuesta, que acentúa lo metafórico en todo su ágil desarrollo escénico. No hay elementos corpóreos en la escena. Se proyectan imágenes realistas y abstractas según las necesidades argumentales y las luces hacen el resto. Nada extemporáneo, sólo un dragón y unos animales interpretados por bailarines demasiado sexuales rompen la armonía expuesta por Casullo en esta producción bella y despojada.

La versión de Fundamús tiene dos puntos en contra: la traducción al castellano de algunos diálogos del «singspiel» y la elección de «tempi» en extremo lentos por parte del director Reinaldo Zemba, que ya se observan en la obertura y luego producen zancadillas a los cantantes que no dan con la dinámica cansina del director. Aún así, en la función que vimos, esto fue cambiando con el progreso de la obra.

Las escenas de la prueba del agua y del fuego y el dúo Papageno-Papagena están muy bien resueltos por Casullo, y los cantantes muchas veces vencen con su canto y ritmo natural el clima lento de la representación.

Excelente Carlos Ullán en «Tamino», bien acompañado por Graciela Oddone en «Pamina». La reina de la noche tiene en Natalia Vivas a una temeraria intérprete que sale airosa de su trabajo en extremo complejo. Lucas Debevec Mayer muestra autoridad como «Sarastro» y encantadores Papageno-Papagena de Luciano Garay y Laura Penchi, siempre bien cantados. El resto cumple con lo exigido, sobre todo el Nuevo Coro de Opera dirigido por Ezequiel Fautario.

E.G.

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