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Desvela a la OEA el debate sobre la isla
En consonancia con las posiciones más amigables hacia La Habana, el diputado Obeid sostiene que, «además del ofrecimiento a Cuba para su reintegración a la OEA, los países latinoamericanos deben presionar para que Washington levante el bloqueo, deje en libertad a los cinco cubanos injustamente detenidos en Estados Unidos y clausure por completo ese monumento a la infamia y la tortura que es la base de Guantánamo, devolviéndola a sus legítimos dueños».
Distinta es la posición del embajador Lanús, quien, si bien sostiene que «países totalitarios en la OEA hubo muchos», afirma que «los gobiernos que quieren suprimir lisa y llanamente la resolución están alineados ideológicamente» porque aunque «en este momento no estamos en la Guerra Fría ni Cuba está exportando una revolución, sigue siendo un país donde no hay libertades y donde los ciudadanos no tienen pasaporte para salir. Cuba no tiene la menor intención de modificar su régimen, que fue una de las causas de su exclusión. El sistema interamericano debe promover la democracia, las libertades y garantías esenciales de un país abierto y republicano. Ahora, si la OEA es solamente la expresión de una pertenencia geográfica, entonces es otra cosa».
También Salvia cree que «si Cuba no reforma su sistema legal, garantizando el pluralismo político, y no libera a los más de 200 presos de conciencia, no puede participar de la OEA».
Paradójicamente, este debate podría resultar en un gesto de buena voluntad no correspondido, ya que Cuba, si bien ha aceptado renegociar el tema migratorio con Washington, no ha manifestado deseos de volver a la OEA.
Para Archibaldo Lanús, los motivos son claros: «El Gobierno cubano tiene muchas denuncias y juicios en la Comisión de Derechos Humanos de la OEA. Creo que hay que levantar las sanciones y el embargo y tratar de que Cuba evolucione, adoptando los principios del sistema interamericano. Esto no es contra Cuba ni contra el pueblo cubano sino para poder tener autoridad moral y no regirnos por un doble estándar. Podemos ser plurales, pero ¿aceptaríamos a un país regido por un fundamentalista religioso contrario a los valores de la democracia occidental, por ejemplo?».
Gabriel Salvia coincide en que «es el régimen de Cuba el que está suspendido, no su pueblo, y la dictadura militar de los hermanos Castro no ha dado ningún indicio de apertura para terminar con el régimen de partido único y un sistema legal opuesto a la Carta Democrática Interamericana». Considera «increíble» que «casi ningún gobernante de la OEA ponga en duda la legitimidad de las autoridades cubanas desde el punto de vista democrático. Cuba no tiene ningún sistema particular, es una dictadura, algo que muchos países no se atreven a señalar». Si sigue así, «la OEA debería concentrarse en exigirle cambios al régimen y respaldar los esfuerzos de apertura y transición pacífica de los demócratas en la isla».
Obeid, en cambio, afirma tener «serias dudas sobre la importancia de estar en la OEA y sobre la representatividad que pueda tener ese organismo». Y recuerda «el lamentable papel que jugó en la Guerra de Malvinas, sin mover un dedo cuando el territorio argentino fue invadido por Gran Bretaña».

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