La deuda familiar se redujo por primera vez en seis años, pero las dificultades para pagar las cuotas están aumentando. Según un informe del Centro de Economía Regional y Experimental, la caída ocurrió después de un período de crecimiento que permitió financiar buena parte del boom de consumo que precedió a la crisis. «En 2009 esa tendencia se cortó y el público dejó de endeudarse para cubrir gastos corrientes», afirmó el documento del CERX elaborado por la economista Victoria Giarrizzo. A continuación, los aspectos más importantes del informe:
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
A fines de abril, la deuda de las familias con el sistema financiero formal se ubicó en $ 64.984 millones, al caer un 0,3% frente a diciembre 2008 ($ 65.166 millones). Si se suma la deuda tomada en los canales informales de crédito, las familias deben $ 86.951 millones registrando un muy leve ascenso (0,4%) frente a diciembre 2008. Esto equivale a una deuda por hogar de $ 9.037 y para saldarla se necesitarían destinar 5,3 meses de ingresos.
En la medida que cayó la deuda familiar con el sistema formal, la demanda de crédito informal siguió creciendo y ganando participación relativa. Si bien el aumento es muy leve, al no detenerse el deterioro en la capacidad de pago, la informalidad del crédito podría seguir aumentando, perjudicando más las finanzas del hogar.
En promedio, un hogar destina un 39,7% de sus ingresos a cumplir con esos pasivos. Aumentó la cantidad de gente que considera alto su nivel de endeudamiento, y un 27,4% de los endeudados dice estar teniendo problemas para pagar.
La deuda familiar se encuentra en niveles conflictivos. Casi el 40% del ingreso mensual se destina a cumplir con obligaciones financieras y desde 2008 se comenzó a observar un deterioro paulatino en el cumplimiento de esos pasivos. Esa tendencia se acentuó este año con la reducción en los ingresos nominales de las familias que provocan la menor actividad económica, y la inflación, que a pesar del contexto recesivo, sigue erosionando el poder adquisitivo.
En general, el público prioriza el consumo de bienes y servicios que no requieren ni deuda ni desahorro, aunque esa política encuentra su límite en la disponibilidad de ingresos del hogar, que al reducirse obliga a recurrir al financiamiento.
En las entidades financieras no formales la situación parece similar, pero un agravamiento de las urgencias financieras de las familias podría derivar en una mayor demanda de crédito en este circuito y eso sería nocivo para la economía.
Hasta el año pasado, los mayores niveles de ingresos de los hogares permitieron el repago de los saldos deudores. Sin embargo, este año todo indica que los ingresos reales de las familias caerían por pérdidas en términos nominales y, por el avance de la inflación, complicando el cumplimiento.
Pero la situación no sería tan dramática: de alguna manera esa caída está siendo anticipada por las familias, que respondieron reduciendo su exposición financiera, evitando así un colapso mayor en el futuro.
De todos modos, mientras la economía no se reactiva, habrá que evitar que gane espacio el crédito informal. Es la condición para evitar que este deterioro incipiente derive en una crisis mayor.
Dejá tu comentario