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Di Salvo fotografió 70 años de cine argentino
Aníbal Di Salvo, fotógrafo de Torre Nilsson, Favio, Mugica y otros, a partir de los años 80 también dirigió algunos títulos comerciales.
De joven, Di Salvo fue cantor de tango. Como tal creyó que iban a contratarlo en los Estudios San Miguel. «Me presenté todo empilchado, y me asignaron una carretilla y una pala». Hasta que alguien le señaló a un director de fotografía: «Ése manda más que el director». Ahí orientó su destino. En 1942 se inició como ayudante de cámara. Trabajó en más de 160 largos, impulsó una cooperativa de técnicos, Jornada, inspirado en el título de un poema de Torre Nilsson, y llegó a ser mano derecha de Lucas Demare, Hugo del Carril, Soffici, Torre Nilsson, René Mugica y Leonardo Favio, entre otros, recibiendo premios del Fondo Nacional de las Artes, Cronistas, y Sica.
Ya sexagenario, realizó por su cuenta el primer videofilm argentino, «Matías y los otros», respetuoso y meticuloso seguimiento de un interno del Borda, que en posterior versión fílmica se estrenó como «El caso Matías». Luego dirigió con distinta suerte algunos films comerciales («Atrapadas», «Las lobas», etc.), y, ya octogenario, se dio dos pequeños gustos: grabó su primer disco («pero a mi amigo Alberto Castillo nunca le confesé que yo también había sido cantor, me daba vergüenza»), e hizo un film levemente autobiográfico, «¡Me robaron el papel picado!», afectuoso recuento de sueños perdidos. Los suyos, y los de la empresa donde aprendió el oficio.
Humilde, casi nunca mencionaba sus éxitos. En cambio, le pesaba el fracaso de sus amigos como si fueran propios. Y los propios, como si fueran definitivos. Dato singular, en esa película autobiográfica lo representa Guillermo Fernández, que canta «Papel picado» («de ese corso a contramano de un pasado triturado, nada queda hoy») e imita muy bien la voz suave, calma, la sonrisa, el gesto de expectativa amable que Di Salvo hacía con la mano. Solo que el original era un poquito más alto. Y en ese momento ya sufría horrores. Pequeño momento de gloria, el Cóndor de Plata a la Trayectoria se lo entregó, en 2001, Alfredo Alcón, a quien él había fotografiado mejor que nadie. Y para esa oportunidad, Alcón recitó, precisamente, «Jornada». La recordaron ayer, en la Chacarita.
Paraná Sendrós

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