8 de abril 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»- para quien hay que andar con pies de plomo pese a las mejoras evidenciadas en los mercados. Se esperan números muy malos en los resultados de las empresas y advierte que el balance decisivo vendrá por el lado de los bancos.
Periodista: Comienza la temporada oficial de balances. Alcoa dio el puntapié inicial. Y, como quien ya se ataja del golpe por venir, el furibundo rebote de las acciones -una suba rauda de 30 por ciento motorizada en apenas cuatro semanas- tambalea.
Gordon Gekko: No exagere. No es para tanto. Es lógico, después de tamaño recorrido, que la Bolsa se tome un respiro y acomode las cargas.
P.: Enfrenta un obstáculo difícil de sortear.
G.G.: Los números serán muy malos. No hay escapatoria. No puede esperarse otra cosa de un trimestre en que el producto bruto cae en torno al 7% real. Pero los requerimientos para mantener un avance en pleno mercado bajista («bear market rally») no son de excelencia...
P.: ¿Alcanzará, otra vez, con mostrar atisbos de mejoría? ¿Hasta cuándo?
G.G.: El consenso descuenta una caída interanual de las ganancias por acción del 44% y un recorte de las utilidades operativas del 22%. Se precisa batir esas marcas o, por lo menos, no quedar muy lejos.
P.: O que el mercado las rebaje por enésima vez.
G.G.: Tal cual. Son tres variantes de menú económico.
P.: Hay que superar una varilla puesta al nivel del suelo. Aún así no será fácil. Es terreno minado. Mire Alcoa...
G.G.: Creo que el examen decisivo vendrá por el lado de los bancos. No es casual que el rally haya aprovechado un inusual período de pax bancaria.
P.: No se olvide del memo de Vikram Pandit contándole a los empleados de Citigroup lo provechoso que fueron enero y febrero. Entiendo que el Citi deberá confirmar que volvió a generar ganancias operativas. Otro tanto se espera, imagino, de sus colegas -como Bank of America- que se hicieron eco del mismo mensaje.
G.G.: Marzo no fue tan bueno. Y habrá que poner sobre la mesa los quebrantos y los cargos que generó, en el trimestre, la cartera activa. Pandit, en su carta, los dejó expresamente de lado.
P.: Tal vez la contabilidad flexible dé una mano. Me refiero, claro está, a la decisión de la FASB (el ente que nuclea a los contadores) de revisar las normas de valuación de activos.
G.G.: Esa era la idea.
P.: Después de recitar el mantra de la transparencia por años, se descubre que no viene mal un poco de opacidad. Habrá que avisarle al Grupo de los 20 que todavía repite la vieja cantinela. ¿Cree que la posibilidad de tomar distancia de la valuación a precios de mercado será de mucha ayuda en la ocasión?
G.G.: El Gobierno presionó con esa intención. Sin embargo, la norma rige para los períodos cerrados a partir del 15 de junio.
P.: La letra chica admite una excepción. Y en ese caso, la fecha de corte es el 15 de marzo último. Es anterior a la propia decisión. No me diga que se trata de una casualidad.
G.G.: No. Pero para aprovechar esa licencia, se requiere fundamentar el criterio alternativo utilizado para justificar la valuación razonable. Ello exige desarrollar, por ejemplo, modelos detallados de flujos de fondos a vencimiento. Y probar la fortaleza de los supuestos clave. Recuerde que no hablamos de activos convencionales sino de estructuras complejas. Esto obliga a generar sistemas ad hoc. Dicen los que saben que no es sencillo habilitar el cambio en un par de semanas. Tal vez JP Morgan Chase pueda migrar a la nueva normativa pero será difícil que el Citi lo logre.
P.: Se corre contra reloj.
G.G.: Pienso que el mercado va a definir su posición, para bien o para mal, la semana que viene, con los balances de la banca que se conozcan entre el miércoles y el viernes. Piense que el rally tiene ya cuatro semanas sobre sus hombros, que arrancó bajo el impulso de las buenas noticias que arrimaron los propios bancos. Y, sin embargo, las acciones financieras hace dos semanas que no participan de la suba. El panorama general se despejó, cedió el pesimismo, el flujo de recursos frescos hacia la Bolsa se tonificó pari passu con el repunte, las acciones más agresivas lideran el avance (las de mayor beta, como las pequeñas compañías que pueblan el Russell 2000). Y, pese a ello, los papeles bancarios se bajaron del convoy y esperan con cautela el veredicto de los balances.
P.: En un par de semanas, estarán disponibles los resultados de los exámenes de estrés que ordenó Tim Geithner, el secretario del Tesoro, para los 19 bancos principales de los EE.UU. ¿No habrá que esperar hasta conocerlos?
G.G.: En apariencia, es un rumor no confirmado, la intención del Tesoro es dilatar su difusión hasta después que se terminen de digerir los balances trimestrales. No se sabe tampoco si van a publicar la información caso por caso o, más bien, una semblanza del conjunto. Sin embargo, como el Gobierno es juez pero también es parte, y muy interesada, me imagino que si los resultados son medianamente auspiciosos, los van a ventilar lo antes posible.
P.: Es un cruce de caminos decisivo. ¿Usted qué piensa? ¿Cree que los balances de los bancos van a mostrar que la hemorragia de pérdidas comienza a controlarse?
G.G.: Una golondrina no hace el verano. Las variables robustas que explican el comportamiento de la cartera bancaria no se estabilizaron todavía. No es muy arduo seguirles el rastro. El precio de la vivienda de segunda mano, la tasa de desempleo, la marcha del producto bruto (dentro y fuera de los Estados Unidos). La tendencia de fondo es a una hemorragia mayor y no a una cicatrización. Ya no es sólo el dolor de cabeza de las hipotecas residenciales. Mire las tarjetas de crédito. La industria eliminó 8 millones de tarjetas en febrero. Más aumenta el desempleo, más ahínco pone en la tarea. Ya podó 83 millones de plásticos, pero conserva otros 400 millones en circulación. Y también recorta deprisa los límites de crédito. El drama es que así realimenta los problemas de cobranza. Endeudarse con la tarjeta es la única herramienta de «cash management» con que cuenta el desempleado para sortear el bache de ingresos hasta que encuentre nueva ocupación.
P.: Es la crónica de una muerte anunciada. Me queda claro lo que piensa. La semana que viene acribillarán a los bancos.
G.G.: La situación de fondo no es buena. Y se deteriora. Pero un trimestral menos malo que lo esperado no puede descartarse de plano. Más si se puede barrer la basura bajo la alfombra y reflejar, en cambio, el aumento en el margen financiero (el costo del fondeo es cercano a cero y los spreads corporativos son muy altos), los pagos extraordinarios recibidos de AIG o las ganancias por transacciones, cortesía del repunte de los títulos hipotecarios de agencia, o por comisiones tras la resurrección del mercado de bonos. No es un tema cerrado. Sólo digo que conviene pisar con pies de plomo.

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