2 de diciembre 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street», que opinó que aún no están solucionados los problemas derivados de la crisis de Dubai. Por eso, aunque cree que se abre una gran oportunidad de compra en los mercados más diversos, asegura que «es preferible montarse en cualquier otro activo -aún estrafalario- pero que esté fuera de la discusión».

Periodista: Ni Dubai ni Grecia ni nada. La fiesta no se suspende por un chaparrón crediticio. Otra vez los mercados vuelan, plenos de entusiasmo.

Gordon Gekko:
La estacionalidad favorable de diciembre es lo que manda. Tracciona más que cualquier otro argumento.

P.: Dubai produjo un bache en las cotizaciones. Y termina generando, por lo visto, lo que se percibe como una gran oportunidad de compra en los mercados más diversos. ¿Ya está solucionado el problema?

G.G.:
No. La negociación con los acreedores recién comienza.

P.: Uno diría que ya está terminada. El costo de los CDS -ya sea sobre la deuda soberana de Dubai y de Abu Dhabi o sobre las obligaciones corporativas de Dubai World- volvió a recortarse. Protegerse del incumplimiento de Dubai World no cuesta más que 516 puntos base. Nadie diría que se avecina un golpe seco de cimitarra.

G.G.:
Yo no pondría la cabeza. Entiendo el alivio generalizado. Pero no tomaría el riesgo específico. Es preferible montarse en cualquier otro activo -aun estrafalario- pero que esté fuera de la discusión.

P.: Dubai World va a renegociar las condiciones de menos de la mitad de su deuda. Son 26 mil millones de dólares y no 59 mil millones. ¿No es un gesto de buena voluntad? ¿No justifica la reacción de alivio?

G.G.:
No se conocía el número preciso. Pero se sabía que los negocios que marchan bien, que están en cabeza de compañías separadas y rentables, iban a permanecer al margen. DP World, por ejemplo, la empresa que opera la tercera red mundial de puertos no participará de la moratoria. Queda claro, pues, que no habrá subsidios cruzados. Las ganancias de DP World no cuentan a la hora de renegociar la deuda por la construcción de las islas en forma de palmera.

P.: Literalmente, esos acreedores están colgados de la palmera.

G.G.:
El «corte de pelo» debería ser profundo. No espere concesiones. Pero si usted no está directamente involucrado, es comprensible la reacción de alivio. El problema es menor y está más encapsulado de lo que se pensó en un primer momento. El contagio se torna así mucho más improbable.

P.: La búsqueda de refugio -la huida hacia la calidad- duró un santiamén. Un abrir y cerrar de ojos.

G.G.:
Mire la cotización del dólar frente a las principales divisas. Allí están las marcas del flujo y reflujo de la marea.

P.: ¿Cómo sigue la pelí

G.G.:
Sin subtítulos del árabe. Volvemos a los temas mundanos de siempre. Habrá que deshojar, otra vez, la margarita de los indicadores económicos.

P.: ¿Cede la tensión en todos los frentes? Grecia, ¿también se aleja del radar vigía?

G.G.:
Seguro. Pero ya sacó turno para la próxima escaramuza.

P.: ¿Cuándo será?

G.G.:
No hay fecha fija. Pero al primer traspié, puede volver a aflorar el escepticismo sobre la deuda de Atenas. Y los mercados, tarde o temprano, por más que mantengan una tendencia favorable de fondo, necesitan corregir y decantar las subas. Está avisado.

P.: El alivio que produjo Dubai es, hoy por hoy, el remolcador del avance. ¿Cuál será el próximo propulsor?

G.G.:
No hubo rally de Acción de Gracias. Pero el momentum es fuerte y viene de mucho antes. Ahora empalma con la estacionalidad muy propicia de diciembre. Y será difícil pensar que no derive luego en una versión repetida del «efecto enero».

P.: Pura estacionalidad. ¿Qué quedó de la prédica de los mercados eficientes?

G.G.:
El mercado tiene momentum y el apoyo irrestricto de las políticas públicas. La estacionalidad es un lubricante útil.

P.: ¿Los fundamentos no importan? ¿La economía convalida cualquier magnitud de suba? ¿Qué pasa con la valuación? ¿Es todo efervescencia?

G.G.:
Los fundamentos viajan en el asiento de atrás y la valuación, en el baúl. Vea, si no, el ascenso vertical del oro. Creo, como le dije, que la economía importa. Ocurre que, después de las dos últimas lecturas de los subsidios de desempleo, se espera que el informe laboral juegue una carta fuerte a favor.

P.: Pero no se crearán más empleos.

G.G.:
No. Se aguarda que se destruyan menos, muchos menos, que en los meses precedentes. Por primera vez, los pedidos de subsidios cayeron por debajo de los 500 mil. Se alienta la expectativa de que después de perder 190 mil puestos de trabajo en octubre, noviembre no pode más de 125 mil.

P.: Si por esa noticia, la Bolsa sube como si no hubiera un mañana, ¿qué va a pasar cuando la economía cree un puesto de trabajo, uno solo?

G.G.:
Primero, una gran euforia. Sobre todo, si ocurre por sorpresa. Pero, acto seguido, comenzará el sarpullido de la preocupación. No se olvide que la Bolsa trepa con agilidad gracias a las muletas de las políticas de estímulo. Nada más inconveniente que pensar que las autoridades podrían retirarlas.

P.: Todavía ese horizonte se vislumbra lejano. ¿Qué puede enturbiar el panorama en un plazo más corto?

G.G.:
El jueves, Ben Bernanke deberá apersonarse al Senado.

P.: Tiene razón. Comienza el proceso de su confirmación.

G.G.:
La última vez que asistió un funcionario, quiero recordarle, no lo pasó nada bien.

P.: A «Tim» Geithner, el secretario del Tesoro, le pidieron la renuncia, legisladores propios y extraños. ¿Cree que se le hará cuesta arriba a Bernanke?

G.G.:
A Geithner se le objetó su participación en el rescate a AIG, no sus labores como mandamás del Tesoro. En ese entonces, era la cabeza de la Fed de Nueva York. O sea, el número dos del comité de mercado abierto.

P.: Su superior era Bernanke.

G.G.:
Tal cual. Lo lógico es esperar fuego muy intenso. De hecho, hay una operación de movilización de votantes para que llamen a legisladores clave y los amenacen con retirarles el apoyo si ratifican a Bernanke.

P.: Como se hizo cuando se rechazó, en Diputados, la primera versión del plan TARP.

G.G.:
Así es. Es difícil pensar que Bernanke no supere el escollo. Pero hay que estar preparado para algún revolcón.

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