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Diálogos en Wall Street
La Fed no hará nada que perturbe la recuperación -todavía frágil- de la economía. Ni tampoco le cortará el camino al rally de las Bolsas. El especialista en mercados internacionales -que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, de la película «Wall Street»- piensa que el riesgo deflacionario continúa al tope de la agenda de preocupaciones de la Fed y ello augura tasas sin cambios por mucho tiempo más que lo imaginado.
Gordon Gekko: No es el Gobierno sino un comité especial de la National Bureau of Economic Research (NBER), una institución privada sin fines de lucro, el que tiene la obligación de fechar el ciclo económico.
P.: Y no lleva prisa.
G.G.: No lo desvelan los tiempos sino la posibilidad de cometer un error grave de apreciación. La recesión concluyó en 2009, pero no habrá un pronunciamiento oficial hasta que se registre un aumento más importante del empleo. Recuerde que la recesión comenzó en diciembre de 2007, según la NBER, pero le demandó un año completo arribar a una conclusión precisa e inamovible.
P.: Las Bolsas hurgan sobre la misma materia que la NBER, pero adoptan un enfoque que está en las antípodas. Son pura anticipación. Y no sólo apostaron a la recuperación -inclusive antes que se iniciara-, sino que ahora descuentan que su recorrido gana potencia.
G.G.: No son sólo las Bolsas. La ruptura del rango de cotizaciones que protagonizó el petróleo crudo es una señal fuerte de acompañamiento. La suba de las tasas largas también se acopla, en la medida en que las impulsa un aumento sostenido de la tasa de interés real, tal como lo revelan los rendimientos de los TIP, los bonos del Tesoro que ajustan por inflación.
P.: De acuerdo. La economía se consolida y provoca un desplazamiento en bloque de las variables cíclicas. Desde las acciones hasta las tasas largas y las materias primas. Me pregunto, ¿cómo se posicionarán las políticas fiscal y monetaria? ¿Cambiará su postura la Fed?
G.G.: Como a la NBER, a la Fed no la apuran los tiempos; lo que le quita el sueño es la posibilidad de cometer un error que resulte muy costoso de subsanar.
P.: El Banco de la Reserva de Australia, por citar el ejemplo de una economía que también se expande, ya ajustó cinco veces su tasa de referencia desde octubre último.
G.G.: Olvídese.
P.: La economía australiana las pudo digerir sin mayores contratiempos.
G.G.: No es una comparación pertinente. Si los EE.UU. fueran sólo un gran productor de materias primas para la exportación, otro sería el cantar. Pero no es el caso. La demanda agregada y las hojas de balance de los bancos son todavía demasiado débiles como para someterlas a sacudones.
P.: Thomas Hoenig, el presidente de la Fed de Kansas City, dijo que si la tasa sube al 1%, no por ello la política monetaria dejará de resultar estimulante.
G.G.: Hoenig es el llanero solitario. Ya votó dos veces por modificar la promesa de mantener las tasas bajas por un período extendido. Pero, si examina las minutas que se difundieron el martes, la postura mayoritaria insiste en preservar ese cheque en blanco.
P.: Más bien se desliza que la tregua podría ser mucho más prolongada que lo que todo el mundo imagina.
G.G.: No lo dudo. No se confunda: el riesgo grave continúa siendo la deflación. Toda la mejoría que usted ve -en la economía real y en los mercados de capitales- tiene un sustento extremadamente frágil. Y de las minutas surge que si hay una preocupación nueva en la Fed -que, a mi juicio, la hay- está dada por la manera en que se desacelera la inflación núcleo.
P.: Converge a un 1% anual.
G.G.: La mediana de la inflación minorista, los últimos seis meses, evoluciona a un ritmo anualizado del 0,5%. Dicho sea de paso, los agregados monetarios también se plancharon. M2, los últimos tres meses, creció al 0,4%.
P.: Bernanke, hoy (por ayer) en Dallas, mencionó también la caída del crédito bancario.
G.G.: Tal cual. Y ésta es la variable verdaderamente relevante. No olvide, tampoco, que la Fed completó en marzo su programa de compra de bonos de largo plazo. Querrá corroborar cuál es la consecuencia de la retirada.
P.: ¿Usted qué piensa?
G.G.: La Fed lo manejó bien. Hizo los anuncios con antelación. Y tiene un respaldo -un «back up»- que armó el Tesoro ampliando los planes de compra de activos hipotecarios por parte de Fannie Mae y Freddie Mac. No veo un impacto significativo.
P.: Contra lo esperado, el lunes las tasas de diez años rozaron el 4%, las subastas de títulos del Tesoro de esta semana fueron un éxito notable.
G.G.: Mejor así. Cuando las tasas largas trepan también le quitan potencia al estímulo que recibe la economía. Y la resurrección del mercado de la vivienda -que se insinuó a fines del año pasado- volvió a enfriarse. Que las tasas largas respeten el viejo rango es una buena noticia.
P.: No es casual que Bernanke metiera las narices en un tema ajeno a su huerta como la política fiscal. No pidió un ajuste fiscal urgente, que se aplique de inmediato.
G.G.: A diferencia de Europa, la Fed no tiene ninguna inclinación al masoquismo.
P.: Bernanke recomendó una estrategia fiscal de salida que sea creíble.
G.G.: Es un consejo sensato aunque, eventualmente, le provoque alguna rispidez con el Tesoro.
P.: En definitiva, la Fed dejará correr a los buenos tiempos. No piensa cortarle el camino al rally de las Bolsas.
G.G.: No hará nada que perturbe la recuperación. Después de Grecia, mucho menos. Si la deuda soberana del G-7 cae bajo la picota de un cuestionamiento -y la crisis griega es un afluente que lleva sus aguas hacia ese río revuelto- habrá que recostarse más en la política monetaria. Sobre todo, si la situación se complica y hay que volver a maniobrar con destreza.

